“La Historia Secreta del Golpe de Estado de 1963” por Juan Bosch

Septiembre de 1970

presidente-juan-bosch-rodeado-de-autoridades-militaresPor Juan Bosch. Hay muchos dominicanos, y yo diría que una mayoría de dominicanos, que han estado creyendo durante siete años que los autores del golpe de 1963 fueron los militares que firmaron el documento mediante el cual se declaró derrocado el gobierno que el pueblo había elegido nueve meses y cinco días antes. Pero sucede que muchos de esos militares no tuvieron nada que ver con el golpe.

Sus firmas aparecen en la proclama porque estaban en el Palacio Nacional la noche del 25 de septiembre, no porque tomaran parte en los acontecimientos. Es más, algunos llegaron al Palacio sin saber qué era lo que estaba sucediendo allí, cosa, por ejemplo, que le pasó al general Belisario Peguero; otros firmaron la proclama mientras decían que ese golpe era un error que iba a costarle muy caro al país, y tal fue el caso del general Renato Hungría; otros la firmaron porque creyeron que si no lo hacían perderían sus rayas y hasta sus uniformes.

El ex-general Elías Wessin-Wessin declaró hace algún tiempo, mientras se hallaba en los Estados Unidos, que fue él quien derrocó al gobierno constitucional de 1963, y que si tuviera que hacerlo otra vez lo haría de nuevo; pero el ex-general no fue ni el autor ni el jefe del golpe. A él lo llevó al Palacio Nacional el ex-general Atila Luna, a las tres de la mañana, cuando ya la suerte de la República había sido resuelta por otros, y lo mismo que hicieron otros, puso su firma en la proclama sin llegar a darse cuenta de lo que iba a significar la noche del 25 de septiembre en la historia dominicana. Al hacer esas declaraciones que hizo, el ex-general Wessin-Wessin estaba ganando indulgencias con camándula ajena, si bien esas indulgencias no lo eran, y más bien eran todo lo contrario.

La historia desconocida del golpe va a ser contada ahora, al cabo de siete años, porque hizo falta todo ese tiempo para que yo fuera reuniendo los detalles, algunos de los cuales estaban guardados en el mayor secreto, como si fueran oro en polvo. Pero en esa historia no voy a referirme a los antecedentes políticos, que reservo para otra ocasión; voy a hablar de los hechos, tal y como éstos se produjeron.

A mediados del año 1963 recibí una llamada telefónica de Juan M. Díaz, un dominicano que vive en New York desde hace por lo menos treinta y cinco años; me dijo que quería verme y llevarme una persona y que se trataba de algo urgente. Le respondí que fuera a mi casa a medio día, y cuando fue me presentó a su amigo: era el ex-general haitiano Leon Cantave, un hombre alto, claro para ser haitiano, de pelo blanco, que había sido jefe del ejército de Haití en los primeros años del régimen de Duvalier.

Díaz y Cantave iban a pedirme que les facilitara medios, armas y una base en territorio dominicano para preparar una expedición contra el gobierno de Duvalier. Antes que ellos, otros haitianos me habían pedido lo mismo, y entre ésos recuerdo al padre Jacinto, a Pierre Rigaud, a Louis Dejoie; a todos los cuales les había respondido lo mismo que les dije ese día a Juan M. Díaz y al ex-general Cantave: que el gobierno que yo presidía no podía intervenir en los asuntos de otro país porque el día que lo hiciera no tendría autoridad moral para impedir que otro gobierno interviniera en los asuntos dominicanos. “Nosotros”, les dije, “estuvimos preparados en el mes de abril para actuar contra Duvalier porque éste invadió con su policía la Embajada dominicana en Haití, y eso se considera en todas partes del mundo como una agresión contra la soberanía del Estado al cual pertenece la Embajada; pero no podemos entrar en actividades ocultas y conspirativas contra Duvalier, porque éso sería intervenir en los asuntos políticos de los haitianos y además es contrario a los principios de un gobierno democrático, pues en el régimen democrático no se hacen ni deben hacerse cosas ocultas. En el sistema democrático, el pueblo debe estar enterado de lo que haga su gobierno”.

Debo decir que me sorprendió la rapidez con que Juan M. Díaz y Cantave aceptaron lo que les decía. De hecho, no trataron de convencerme de que debía complacerlos, y se fueron, y yo me quedé pensando en lo rara que parecía su actitud, porque viajar desde New York hasta Santo Domingo para plantear un asunto tan importante e irse sin hacer esfuerzos para conseguir lo que habían venido a buscar era algo que no me parecía normal. Pero como ustedes verán, lo que pasaba era que esa visita tenía un propósito secreto, pues al ex-general Cantave no le hacía falta que yo le dijera que sí ni le importaba que le dijera que no. Por detrás de él había una fuerza poderosa, mucho más poderosa que la del presidente de la República Dominicana. Lo único que necesitaba esa fuerza era usar la visita del ex-general Cantave a mi casa, sin importarle lo que yo le hubiera dicho. Y así fue.

A principios de julio recibí una nota de un haitiano en la que me decía que deseaba verme para explicarme por qué había abandonado el campamento de Sierra Prieta. Me quedé sorprendido al leer la nota, porque no tenía la menor idea de que había un campamento de haitianos en Sierra Prieta, que como ustedes saben está cerca de Villa Mella, y por lo tanto cerca de la Capital. Le mandé decir al haitiano que fuera a verme en la noche, y al hablar con él me enteré de que allí, en Sierra Prieta, había unos 70 ú 80 haitianos haciendo ejercicios militares y prácticas de tiro bajo el mando del ex-general Leon Cantave y de algunos ex-oficiales haitianos; y me enteré de algo asombroso, increíble: que eso estaba haciéndose con el conocimiento del ministro de las Fuerzas Armadas dominicanas, el general Elby Viñas Román.

Esa misma noche hice citar a los generales Viñas Román y Renato Hungría. Este último era jefe de Estado Mayor del Ejército. Cuando les pregunté si era verdad que en Sierra Prieta había haitianos haciendo entrenamiento militar, el general Viñas Román contestó que sí, y al preguntar yo que quién había autorizado eso me respondió que él había dado las órdenes porque el ex-general Cantave le había dicho que yo había aprobado esa medida, pero que si yo no estaba de acuerdo con lo que estaba haciéndose daría inmediatamente las órdenes para que los haitianos abandonaran el lugar. “Claro, general”, le dije. “Yo no puedo aprobar nada parecido a eso, y en lo sucesivo, antes de lanzarse a tomar decisiones de naturaleza política, espere ordenes mías y no se atenga a lo que le diga en nombre mío cualquier persona, y mucho menos un extranjero”.

El general Viñas Román dijo que así lo haría y nunca más volví a oír noticias de haitianos que se entrenaban en nuestro país. Pero ahora, al cabo del tiempo, después de haber hecho las debidas averiguaciones, estoy en condiciones de decir que una semana después del día en que el general Viñas Román me dijo que no volvería a actuar como lo había hecho, el ex-general Cantave estaba de nuevo en Sierra Prieta, entrenando haitianos, entre los cuales había una mayoría de cortadores de caña de los ingenios y algunos soldados de Duvalier que habían cruzado la frontera huyendo del dictador de Haití.

Entre esos supuestos desertores había espías de Duvalier. Por medio de esos espías, Duvalier se hallaba enterado al día de lo que estaba pasando en Sierra Prieta, a pocos kilómetros de la Capital dominicana. Lo que sabía Duvalier en Puerto Príncipe lo sabían aquí los agregados militares de los Estados Unidos, y lo sabía el embajador norteamericano John Bartlow Martin, que después de la intervención de su país en el nuestro escribió un libro enorme lleno de mentiras destinadas a ocultar su papel en esos hechos; pero no lo sabía el presidente de la República Dominicana. Esa vez no apareció un haitiano que me informara de lo que estaba sucediendo, porque los responsables del engaño habían tomado todas las medidas para que yo no supiera la verdad.

Las Guerrillas de Cantave Como una prueba de carácter político, no documental, de que el plan estaba dirigido desde Washington, voy a dar estos datos: En la noche del 2 de agosto, Cantave y los haitianos que estaban entrenándose en Sierra Prieta fueron embarcados en camiones que tomaron el camino de Dajabón, adonde llegaron temprano el día 3; y ese día 3 los Estados Unidos anunciaron oficialmente que cerraban la misión de la AID en Haití.

Esta medida tenía como finalidad hacerles saber a los antiduvalieristas de Haití que los Estados Unidos rompían totalmente con Duvalier, y que por tanto el ataque que iban a llevar a cabo inmediatamente Cantave y sus hombres contra el gobierno de Duvalier tenía el apoyo norteamericano.

Los hombres de Cantave fueron llevados hasta la bahía de Manzanillo, en el lugar donde desemboca el río Masacre.

Iban con uniformes y zapatos nuevos y con las armas que se les habían cogido en junio de 1959 a los expedicionarios que habían venido de Cuba por Constanza, Estero Hondo y Maimón, con el propósito de derrocar a Trujillo.

Al amanecer del 5 de agosto, los haitianos penetraron en su país a través de unas siembras de cabuya propiedad de una firma norteamericana, llamada Plantación Delfín, donde les tenían preparados camiones y yipis. La prensa de los Estados Unidos comenzó a publicar noticias en las que se decía que en el norte de Haití había sublevaciones contra el gobierno de Duvalier y que desde cierto lugar del Caribe habían llegado varias expediciones. Sinceramente les digo que yo no podía sospechar que ese ataque había salido de la República Dominicana. Es más, el Embajador Martin estuvo a verme —recuerdo que era de noche— y cuando le pregunté de dónde creía él que habían salido las fuerzas que estaban atacando Haití me respondió que creía que de Venezuela, a lo que yo le respondí con una pregunta, que fue ésta: “¿Es que en la Florida hay algún lugar que se llame Venezuela?”. La Florida, como ustedes saben, es territorio norteamericano, un estado de los Estados Unidos, que es lo mismo que si dijéramos una provincia. El embajador Martin era —y debe seguir siéndolo— un hombre sin sentido del humor, y sin embargo al oírme se echó a reír. Ahora, cuando sé la verdad, me doy cuenta de que se reía porque le resultaba gracioso engañar al presidente del país ante el cual él representaba al presidente del suyo. Sólo que John Bartlow Martin, como les sucede a tantos en el mundo, no alcanzaba a darse cuenta de que a menudo el que cree que engaña a los demás está engañándose a sí mismo, y que en una actividad tan complicada como es la política, por el camino del engaño se llega indefectiblemente a la tragedia, como iba a suceder en la República Dominicana, para desgracia de John Bartlow Martin y de su país.

El día 16 de agosto se cumplían cien años de haber comenzado la guerra de la Restauración. Esa guerra, llevada a cabo contra España, es un acontecimiento histórico de gran importancia para nuestro pueblo, y aunque nosotros no estábamos en condiciones de hacer grandes fiestas, porque la situación del país no permitía que hiciéramos gastos, el gobierno quiso darle a ese día la categoría que merecía, y entre los actos destinados a conmemorar el primer siglo del comienzo de la guerra se hallaba la inauguración de una escuela en Capotillo. Fue en ese punto, llamado en aquella época Capotillo Español, donde comenzó la lucha cien años antes, bajo la jefatura de Santiago Rodríguez.

Verdaderamente, era una pena para el país que a los cien años del histórico 16 de agosto de 1863 los niños del lugar donde había empezado la guerra de la Restauración no tuvieran escuela. Pero ese día se inauguró una, con la presencia del presidente de la República y el ministro de Educación, Buenaventura Sánchez, así como de otras autoridades. Lo más lejos que yo tenía en ese momento era que la gente de León Cantave, que había sido derrotada por las fuerzas de Duvalier hacía menos de diez días, había cruzado la frontera muy cerca de ese punto y estaba operando en territorio de Haití.

Efectivamente, al ser derrotado Cantave volvió a nuestro país y se acantonó en Don Miguel, a la vista de la frontera haitiana; allí estableció su campamento en una finca que tenía siembra de tabaco. Yo noté en esa ocasión un exceso de militares y cuando pregunté a qué se debía se me explicó que estaban tomándose precauciones porque se habían recibido noticias de que había un complot para matarme. No había tal complot. Lo que sucedía era que al atardecer del día anterior, 15 de agosto, un grupo de la gente de Cantave había cruzado la frontera y se había internado en Haití, en dirección hacia un lugar llamado Mount-Organisé, y los militares, que no me habían informado de nada, tenían temor de que pudiera pasar algo que sacara a la luz el plan, razón por la cual no querían que estuviera en Capotillo más tiempo del necesario.

Hay que darse cuenta de que todo lo que estaba haciéndose se hallaba dirigido por extranjeros; que unos cuantos señores extranjeros planeaban lo que los soldados dominicanos debían hacer, y que éstos lo hacían sin el conocimiento del presidente de la República; y en cambio, Duvalier estaba al tanto de los menores detalles de esos movimientos y creía, con razón, que era yo quien daba las órdenes. Duvalier conocía los planes tan detalladamente que en la noche anterior cambió la tropa que tenía en Mount-Organisé, porque tenía el temor de que entre esa tropa hubiera gente combinada con Cantave.

Los hombres de Cantave fueron derrotados fácilmente y volvieron a territorio dominicano; esa vez entraron por la Trinitaria. Ese 15 de agosto, una organización internacional de abogados que estaba establecida en Suiza, es decir, a miles de kilómetros de la República Dominicana y de Haití, hizo unas declaraciones muy fuertes contra Duvalier que fueron publicadas ese mismo día en varios países de América, transmitidas por agencias norteamericanas de noticias. En esas declaraciones se explicaba que Duvalier era un tirano, que se mantenía en el poder gracias a su organización de asesinos llamada Tonton-macutés; que en Haití no había la menor libertad ni para las personas ni para las organizaciones.

Todo eso era verdad, pero cuatro años después vino a saberse que esa organización internacional de abogados recibía dinero de los servicios secretos de los Estados Unidos; de manera que la publicación de ese documento, justamente el día en que fue lanzado el segundo ataque de las gentes de Cantave contra Duvalier, es otra prueba indirecta de quienes eran los que estaban dirigiendo las operaciones de Cantave en territorio dominicano.

Unos días después del 15 de agosto, Cantave envió otro grupo a Haití. Ese grupo llegó a Ferrier, muy cerca de la frontera, mató al síndico y volvió a su campamento en nuestro país. Mientras tanto, desde varios lugares del Caribe llegaban a Santo Domingo exiliados haitianos que iban a reunirse con Cantave. En total, el ex-general haitiano llegó a reunir, entre el 20 y el 25 de agosto, 210 hombres. En la noche del 26 de este mes un avión pesado de transporte dejó caer cerca de Dajabón una importante cantidad de armas, entre las cuales había morteros, bazukas, ametralladoras calibre 30, rifles M-1, que eran entonces los mejores que tenía el ejército norteamericano, y ametralladoras de mano M-3.

El avión que trajo esas armas a nuestro país venía del campamento Romey, en Puerto Rico, una de las grandes bases militares de los Estados Unidos en el Caribe.

Mientras tanto, los agentes políticos que trabajaban con el embajador John Bartlow Martin organizaban la acción política que debía debilitar al gobierno dominicano, tales como aquellas conocidas manifestaciones cristianas, y el propio embajador, queriendo meterme en una trampa, me propuso el 16 de agosto, en Santiago, que procediera sin pérdida de tiempo a cambiar de política; que expulsara a los comunistas y usara mano dura con los trujillistas.

Cuando me habló así le miré de tal manera que él comprendió que había metido la pata y comenzó a pedirme excusas y a explicar que él no quería darme órdenes, que sólo estaba dándome consejos como amigo, no como embajador. Yo me levanté sin responderle y me fui a atender a unos amigos que habían llegado a saludarme. Ese mismo día se celebraron varias concentraciones dizque cristianas en diferentes lugares del país y el cónsul norteamericano en Santiago, a quien la gente le llamaba don Pancho, llegó a la casa de Antonio Guzmán, donde me hospedaba, y protestó en alta voz ante el embajador, el Nuncio Clarizio y otras personalidades por la forma excesivamente violenta en que se atacaba al gobierno en esos mítines. El cónsul don Pancho fue sacado del país al reventar la revolución de 1965, y por la forma en que actuó el 16 de agosto de 1963 y por esa sacada del país en 1965 se ve que no estaba de acuerdo con los planes de sus jefes o que no se le habían comunicado esos planes.

Hablo de estas cosas no por el gusto de recordar asuntos desagradables, porque los políticos que viven pensando en lo que pasó y no en lo que está pasando o va a pasar se vuelven resentidos, y los resentidos no están en capacidad de dirigir a nadie. Estoy haciendo la historia secreta del golpe de Estado de 1963 para que el pueblo conozca los hechos y pueda hacer juicios correctos, y sobre todo para que los jóvenes dominicanos que están entrando o van a entrar en la vida política queden enterados de todo lo que puede suceder en un país como el nuestro, donde un poder extranjero está en capacidad de tomar decisiones que comprometen la vida misma del gobierno dominicano, en lo nacional y en lo internacional, sin que nadie en el gobierno se entere de lo que está pasando.

En toda esta historia, que duró tres meses, no hubo una persona, campesino, obrero, empleado público, dirigente del PRD o de otro partido, que se me acercara a darme una información sobre los movimientos de Cantave; nadie, excepto el haitiano que me contó a principios de julio que él había salido del campamento de Sierra Prieta.

Es más, preocupado, por las acusaciones de Duvalier, llamé a algunos militares y les pedí que vigilaran a los hombres de Duvalier; que metieran en Haití gente práctica en los sitios fronterizos para que observaran si Duvalier hacía movimientos de tropas.

La OEA celebraba reuniones y mandaba comisiones que se veían conmigo, y yo hablaba con los comisionados en la forma más inocente, sin tener la menor idea de que cualquiera cosa que dijera podía tomarse como una referencia a las fuerzas de Cantave, que seguían acantonadas en territorio dominicano, cuando lo cierto era que yo ignoraba de manera absoluta que Cantave y sus 210 hombres tenían una base en nuestro país.

El Derrocamiento

Debo decir con toda franqueza que no creo que las dos cosas —los ataques contra Haití y las concentraciones cristianas— fueron planeadas con el fin de tumbar al gobierno constitucional.

Al repasar los hechos de aquellos días con los informes que tengo ahora llego a la conclusión de que la utilización del territorio dominicano para tratar de derrocar a Duvalier comenzó como un plan aislado cuyo único propósito era acabar con el régimen de Duvalier, que había sacado de Haití a la misión militar norteamericana, cosa que los yanquis no podían tolerar.

Los Estados Unidos tenían desde hacía 30 años el compromiso internacional, establecido en tratados aprobados por su gobierno y por su Senado, de no intervenir en los asuntos políticos de otros países de América; pero desde 1954 habían hallado la manera de violar esos tratados organizando expediciones secretas, como fue la de Castillo Armas, que derrocó el gobierno de Jacobo Arbenz en Guatemala, y la de Bahía de Cochinos, llamada a tumbar el de Fidel Castro en Cuba en abril de 1961.

Pero la expedición de Castillo Armas fue organizada en Nicaragua y Honduras con el conocimiento y la ayuda de los gobiernos de Nicaragua y Honduras, y la de Bahía de Cochinos se organizó en Guatemala y en Nicaragua también con el conocimiento y la ayuda de los gobiernos de Guatemala y Nicaragua; y en el caso de la de Cantave no se podía contar con la ayuda del gobierno constitucional dominicano porque ese gobierno respetaba sus compromisos y sus principios, y esos compromisos y esos principios estaban regulados precisamente por tratados internacionales iguales a los que habían firmado los norteamericanos, en virtud de los cuales nuestro país no podía intervenir en la vida política de otro.

Los que decidían la política latinoamericana de los Estados Unidos comprendieron rápidamente que el gobierno que yo presidía no se prestaría a hacer el papel que habían hecho los de Honduras y Nicaragua en 1954 y los de Guatemala y Nicaragua en 1961; por eso organizaron ocultamente el campamento de Cantave en Sierra Prieta, y volvieron a organizarlo más ocultamente todavía después que yo di órdenes, a mediados de julio, de que fuera disuelto; y por eso mantuvieron en secreto todas las actividades de Cantave y de sus hombres en territorio dominicano, desde julio hasta que el gobierno fue derrocado el 25 de septiembre.

Mi impresión es que la organización de las fuerzas políticas opuestas al gobierno fue una consecuencia de los fracasos de la acción militar de Cantave, y que en ningún momento se pensó usarlas para derrocar al gobierno. A mi juicio, lo que se perseguía era colocar al gobierno en posición de debilidad, de tal modo que si yo descubría la verdad sobre Cantave y sus hombres no pudiera tomar ninguna medida contra los que estaban en ese juego sucio. Lo que el embajador John Bartlow Martin llamaba consejos de amigo eran parte del plan para debilitar políticamente al gobierno.

Ahora bien, los acontecimientos se presentaron de tal manera que al final hubo que derrocar al gobierno para evitar que el presidente Kennedy quedara desacreditado ante todos los jefes de Estado del mundo por lo que su gobierno estaba haciendo en la República Dominicana, pues hasta ese momento nunca se había hecho nada semejante a lo que estoy contando.

Las Guerrillas y el Embajador Martín

Martin es un típico oportunista. Sin tener la menor experiencia ni la menor capacidad para el cargo, logró su nombramiento de embajador en Santo Domingo a través de Adlai Stevenson, hombre muy débil, a quien Kennedy llamaba “mi mentiroso oficial”, porque era a él a quien se le encargaba decir en las Naciones Unidas las mentiras que tenía que decir para defender el gobierno de su país. Stevenson fue el “mentiroso oficial” no sólo de Kennedy, sino también del sucesor de Kennedy, el señor Trujijohnson. A Martin todo lo que se refería a Haití le quitaba el sueño.

Una vez, estando yo en mi oficina del Palacio con el ministro de Relaciones Exteriores, señor Ernesto Freites, Martin entró allí pálido como un papel, cayéndose como si estuviera borracho y gritando como un loco. Yo le miré fijamente y le dije estas palabras: “Embajador, usted olvida que está hablando con el presidente de la República”. Martin volvió en sí, se puso a secarse un sudor que empezó a salirle de pronto por la cara y pidió perdón.

Lo que lo había vuelto loco, según dijo, eran los problemas con Haití. Pero en el mes de agosto estaba otra vez loco con los problemas de Haití, pues una tarde se presentó en mi casa a decirme que tenía buenas noticias para mí; que Duvalier saldría de Haití dentro de pocas horas; que ya había un avión esperándolo en el aeropuerto de Puerto Príncipe y que había pedido autorización para hacer un aterrizaje en New York, de donde seguiría hacia Francia y de ahí a Argelia. A las ocho de la noche me llamó para pedirme una entrevista urgente; fue a casa y lo que hizo fue repetir lo que había dicho en la tarde. En esa ocasión le dije que a mi juicio Duvalier estaba engañando a todo el mundo y que sólo debía creerse esa patraña cuando efectivamente llegara a Francia. Martin se fue, y oigan esto: a las 12 de la noche llamó para confirmarme lo que me había dicho ya dos veces, y lo que es más asombroso, volvió a llamarme a las 2 y 30 de la mañana para reconfirmarlo, lo que indica que el problema lo tenía fuera de sí debido a que la conciencia le reprochaba algo; y por último, el colmo de los colmos, se presentó en mi casa, manejando él mismo un yipi, a las cuatro y media de la mañana, para decirme que Duvalier saldría de Puerto Príncipe media hora después, a las cinco.

El embajador podía quedarse despierto la noche entera excitado con una noticia que no tenía el menor fundamento, porque al día siguiente disponía de todo el tiempo para dormir a pierna suelta; pero yo, que tenía que trabajar como un mulo, y que desde el principio estaba convencido de que la noticia era absurda, no disponía del día para dormir.

Sin embargo en la cabeza del embajador no entraban esas ideas, porque él actuaba, sin darse cuenta, a impulsos de su alma atormentada por el papel bastante turbio que estaba jugando.

Es el caso que el embajador Martin creía que la presencia de Cantave y de sus hombres en territorio dominicano, hecho que él conocía muy bien y del cual nunca me habló, ni directa ni indirectamente, había provocado una crisis en el régimen de Duvalier, y que éste, debido a esa crisis, iba a huir de Haití. Yo no disponía de tantos elementos de juicio como Martin, porque no tenía la menor idea de que Cantave y su gente estuvieran en Santo Domingo, y mucho menos en la frontera haitiana; pero estaba seguro de que las noticias del embajador carecían de fundamento y de que Duvalier seguiría en Haití hasta el día de su muerte. Pero el embajador, que para tranquilizar su alma necesitaba que Duvalier desapareciera antes de que su juego quedara al descubierto, veía ya sus deseos convertidos en realidad, fenómeno sicológico frecuente en las personas de mentes débiles, y a veces caía en sospechas porque pensaba que yo sabía lo que él estaba haciendo, y entonces escribía en sus notas, según dice él mismo, que yo le pedía a Kennedy que nombrara otro representante en su lugar.

La alegría del embajador debida a la idea de que Duvalier iba a desaparecer y el miedo de que yo pidiera su salida del país tenían un mismo origen; y sucedía que ni la alegría ni el miedo estaban fundamentados en la realidad; pues ni Duvalier desaparecería ni yo pensaba pedirle a Kennedy que me enviara otro embajador, simplemente porque no tenía la menor noticia de cuáles eran sus actividades secretas en relación con Haití, o lo que es lo mismo, en la política internacional dominicana.

Así iban pasando los días, hasta que llegó el mes de septiembre, y con él el día 22, fecha en la cual los jefes norteamericanos de la operación Cantave lanzaron al ex-general haitiano por última vez a través de la frontera.

III

Volviendo al golpe del 25 de septiembre de 1963 diré que al cabo de mucho tiempo de investigar, de buscar la causa secreta de ese hecho, estoy en condiciones de decir que durante los meses de agosto y septiembre de aquel año el general Viñas Román viajó varias veces a Dajabón sin informarme adónde iba y a qué iba, y que fue él quien le transmitió a Cantave la orden, que a su vez habían dado los miembros de la misión militar norteamericana en el país, de que el próximo ataque a Haití debía ser por Juana Méndez y que la fecha de ese ataque debía ser el 22 de septiembre. Juana Méndez queda frente a Dajabón y tan cerca de esta ciudad dominicana que necesariamente el ataque a una provocaría pánico en la otra. De acuerdo con mis noticias, Cantave se oponía al ataque a Juana Méndez, pero se le hizo saber que si no se producía ese ataque en la fecha señalada, su campamento sería destruido. En ese campamento había haitianos que habían llegado de New York, enviados por organizaciones que recibían fondos de la CIA, y volvieron a New York después del último fracaso de Cantave.

Bien: La fecha fijada fue el 22 de septiembre, y la hora para cruzar la frontera, las 10 de la noche. El día 20 comenzó en Santo Domingo la huelga de los comerciantes. Ese día era viernes. El plan de los que habían organizado la huelga era que ésta continuara el sábado 21, y como el ataque a Haití sería el domingo en la noche, y se suponía que el lunes 23 se estaría peleando en Juana Méndez, si la huelga seguía el lunes el gobierno dominicano se vería en una situación de debilidad tan grande que no podría hacer el menor movimiento en relación con el ataque a Haití que estaría llevándose a cabo desde territorio dominicano.

La situación estaba llamada a empeorar, porque los autores secretos del plan habían maniobrado de tal manera que el propio viernes día 20, en medio de la huelga de los comerciantes, los trabajadores de Haina y de otros ingenios del gobierno anunciaron una huelga que comenzaría el lunes día 23, a las 7 de la mañana, es decir, a la hora en que Cantave y sus hombres estarían atacando Juana Méndez, a la vista de los habitantes de Dajabón.

Pónganse ustedes a pensar un momento en cuál era realmente el estado general de confusión del país, cuando resultaba que los trabajadores del azúcar, y más propiamente los de los ingenios del gobierno, la gente a quien más debía interesarle que el gobierno constitucional de 1963 se mantuviera en el poder, caían en hacerles el juego, de la manera más inocente, a los que estaban colocando al gobierno entre la espada y la pared.

La mayoría del comercio de la Capital había cerrado el viernes, y el mismo viernes, en horas de la noche, los trabajadores azucareros anunciaban que la huelga de ellos comenzaría el lunes día 23. Por suerte, aunque el comercio al por mayor, o al menos su mayoría, siguió la huelga el sábado, el comercio al detalle, tanto de telas como de comestibles, abrió sus puertas el sábado temprano. Las estaciones de radio que habían estado incitando a la huelga desde el amanecer del viernes habían sido silenciadas mediante el procedimiento de cortarles la corriente eléctrica, cosa que pudo hacerse porque todas ellas le debían dinero a la Corporación Eléctrica, y algunas le debían varios meses de corriente.

Por otra parte, mucha gente del pueblo protestaba por el cierre de los comercios, y los detallistas, por su posición de explotados y por su contacto permanente con el pueblo se daban cuenta de que la huelga no tenía justificaciones sociales ni económicas, que era un movimiento de tipo político en el cual ellos no tenían ningún papel que jugar poniéndose frente al pueblo.

El sábado, pues, la huelga había fracasado, a pesar de que ese día los periódicos daban la noticia de que el lunes comenzaría la huelga de los trabajadores de los ingenios del gobierno.

El mismo sábado apareció en espacio pagado un artículo del Dr. Balaguer, que se hallaba en New York, y verdaderamente, se trataba de un artículo demoledor contra el gobierno. Unos diez meses antes yo había estado en New York, como presidente electo, y había ido a visitar al Dr. Balaguer, a quien le dije en esa ocasión que él mismo podía escoger la fecha de su retorno al país y que me avisara para ofrecerle las garantías del caso.

En el mes de junio, según creo recordar, el viceministro de la Presidencia me comunicó que el Dr. Balaguer había pedido varias veces que se le enviara su pasaporte diplomático, al cual tenía derecho por ley, y que su petición no había sido atendida, y di órdenes inmediatas para que se enviara a la Presidencia el pasaporte y que tan pronto llegara, el propio viceministro, señor Fabio Herrera, fuera a la casa de las hermanas del Dr. Balaguer para entregarlo a una de ellas.

Así se hizo.

Como todos los dominicanos, fueran cuales fueran sus ideas políticas, el Dr. Balaguer tenía derecho a vivir en su país, y no era el gobierno el que podía decidir sobre eso; era la Constitución de la República la que garantizaba el derecho de cualquier ciudadano a entrar en el territorio nacional y salir de él cuando quisiera.

El embajador Martin, el hombre más mentiroso que he conocido en toda mi vida, refiere que yo había dado orden para que los miembros del Consejo de Estado no salieran del país, y para probarlo dice que Donald Reid debía ir a los Estados Unidos a llevar una hija que debía ser sometida a tratamientos médico, y que yo lo impedí.

Pues, bien, eso, como el 90 por ciento de lo que dice Martin, es una charlatanería; pero una charlatanería que tiene su explicación. En días pasados le explicaba a cierta persona que si un compañero o amigo suyo comienza de buenas a primeras a hablar mal de él, a decir mentiras sobre él, a calumniarlo, a tratar de desacreditarlo, averigue qué cosa mala contra él hizo esa persona; pues sucede que el que hace algo malo, comete una traición, actúa contra un amigo y compañero o se va con los enemigos de ese amigo, es generalmente una persona débil de mente o de carácter, que no tiene suficiente fortaleza mental o suficiente carácter para reconocer que ha actuado mal contra un amigo y compañero, para confesarlo y decidirse a actuar en lo sucesivo correctamente, y entonces el movimiento natural de su alma es volverse contra ese amigo y compañero a quien traicionó y tratar de desprestigiarlo, porque así él mismo acaba convenciéndose de que lo malo que hizo estuvo bien hecho.

Ese fue el caso del embajador Martin; pero al embajador Martin se le fue la mano y dijo tantas y tantas mentiras que se desacreditó en su propio país. La causa de esas mentiras fue que Martin engañó al gobierno dominicano. Para encubrir la verdad, para que yo no tuviera autoridad moral si algún día decía la verdad; para no quedar en su país como lo que es, Martin pretendió desacreditarme escribiendo un libro lleno de falsedades.

Entre ellas está el cuento de que yo había prohibido la salida del país de los miembros del Consejo de Estado. Si yo hubiera sido hombre capaz de rebajarme a perseguir a alguien, el pueblo dominicano tendría pruebas de eso, porque aquí todo se sabe; y si yo hubiera sido capaz de solicitarle alguna vez a un juez que hiciera tal o cual cosa en perjuicio de un acusado, el pueblo entero lo sabría, porque o bien el juez o bien su secretario o bien un empleado del tribunal lo hubieran dicho.

Ni yo le hubiera coartado jamás al Dr. Balaguer el derecho de vivir en su país ni le hubiera coartado nunca al Dr. Reid Cabral el derecho a salir del país.

La Causa Secreta del Golpe

Pero volviendo a los haitianos de Cantave, causa secreta del golpe del 25 de septiembre, ellos habían cruzado la frontera a las 10 de la noche del domingo día 22. A las seis de la mañana del lunes día 23 de septiembre, hallándome en mi oficina del Palacio Nacional, se me acercó el coronel Julio Amado Calderón, jefe del Cuerpo de Ayudantes, para decirme que la radio estaba informando que desde Haití se estaba disparando sobre Dajabón, y que la población de esa ciudad dominicana abandonaba el lugar a toda prisa. Lo que sucedía en realidad en ese momento era que Duvalier, avisado por sus espías, esperaba el ataque a Juana Méndez y sus fuerzas rompieron fuego contra las de Cantave a las 5 de la mañana, y muchos de los tiros que disparaban las fuerzas de Duvalier llegaban a Dajabón.

Inmediatamente hice llamar al general Viñas Román y le pedí que convocara a una reunión de los altos jefes militares. En esa reunión sólo hablé yo, porque los altos jefes militares no decían nada. Me resultó sospechoso que ante la noticia de que Dajabón estaba siendo atacada ninguno de ellos demostrara la menor preocupación, pero así fue. Esa falta de interés en militares dominicanos ante la noticia de que estaba produciéndose un ataque a una ciudad dominicana era algo para mí increíble, pero yo no podía imaginarme, ni por asomo, la verdad de los hechos.

Todavía hoy, al cabo de siete años, y conociendo como conozco ahora uno por uno los detalles de aquellos sucesos, me sigue pareciendo increíble lo que sucedió. Me doy cuenta de que lo que se hace en el terreno militar puede guardarse en secreto, porque la organización militar está preparada para eso; pero lo que me parece increíble es que los miembros de la misión militar norteamericana tuvieran tanta autoridad sobre los jefes militares dominicanos como para convencerlos de que debían actuar sin darle a entender nada al presidente de la República.

En la reunión con los jefes militares pedí que salieran hacia Dajabón algunos aviones, pero que tuvieran mucho cuidado con lo que hacían; que no se produjera ninguna provocación ni ningún movimiento que pudiera costarle la vida a un militar dominicano; ordené imprimir inmediatamente hojas sueltas en francés para ser tiradas desde el aire amenazando a Duvalier con medidas enérgicas si no detenía el ataque, y además hacer radiaciones en español, francés y patuá diciendo más o menos lo mismo; por último, le pedí al Dr. Héctor García Godoy, ministro de Relaciones Exteriores, que reuniera el cuerpo diplomático para informar a todos los representantes extranjeros de lo que estaba sucediendo.

A las once de la mañana fue a verme un dirigente del PRD para decirme que según le habían informado, los sucesos de ese día obedecían a un plan para tumbar al gobierno; estaba simulándose un ataque haitiano a nuestro país para poder decirles a los soldados que yo estaba llevándolos a una guerra contra los haitianos; pero ese dirigente tampoco sabía nada sobre la participación de Cantave y de sus hombres en el plan, porque no me mencionó ese punto, y como yo no sabía nada, no le hice preguntas sobre él.

Tampoco sabían una palabra el jefe del Cuerpo de Ayudantes ni sus hombres; no la sabía el jefe de la Seguridad Nacional; y lo que es más, los propios militares que actuaban en Dajabón, los que tenían el contacto directo con Cantave, ignoraban el verdadero plan político que se ocultaba tras la operación.

Peor aún, y seguramente al oír esto ustedes se asombrarán tanto como yo me asombré cuando supe la verdad: el propio general Viñas Román ignoraba el plan. El se había prestado a recibir órdenes de “la misión militar norteamericana a espaldas del presidente de la República, lo cual desde luego es algo incalificable; pero no tenía la menor idea de que estaban utilizándolo para tumbar al gobierno.

El jefe militar que sabía lo que iba a suceder era el jefe de la aviación, general Atila Luna, pues era en él en quien confiaban en realidad los miembros de la misión militar yanqui, especialmente el coronel Luther Long, agregado aéreo.

El domingo, es decir, el día anterior a la reunión de que he hablado hace un momento, el general Luna había enviado un piloto a Barahona con un sobre cerrado en el que se explicaba el plan, pero eso vine a saberlo yo en 1965, es decir, un año y ocho meses después de haberse producido el golpe de 1963.

El mismo lunes día 23 llegó al país, por San Isidro, el comandante de la marina yanqui William E. Ferrall. Todavía a esta hora ignoro cuál fue el papel de Ferrall en los hechos, pero me imagino, y sería un inocente si creyera que él no estaba al tanto de la trama.

Mientras tanto, el gobierno estaba haciendo un papel ridículo ante la OEA, porque estábamos acusando a Haití de atacar nuestro país, y yo creía absolutamente que era así, cuando la verdad era que Haití estaba solamente defendiéndose de un ataque que había sido hecho desde nuestro país, y además un ataque que era el cuarto en dos meses.

En la tarde de ese lunes día 23 mandé buscar varias veces al general Viñas Román, que no dio señales de vida.

Mucho tiempo después supe que había ido a Dajabón, adonde Cantave y sus hombres, menos los muertos y los prisioneros, habían vuelto derrotados.

En las primeras horas del martes 24, día de las Mercedes, al leer El Caribe hallé una larga descripción de lo que había pasado en Dajabón el día antes. La había escrito el periodista Miguel A. Fernández, quien por lo que leí tampoco sabía que Cantave y sus gentes habían pasado a Haití desde territorio dominicano.

El periodista decía en un párrafo lo siguiente: “Oficiales del Ejército dominicano expresaron que la República Dominicana no tuvo nada que ver con el ataque. Esto fue confirmado por el propio León Cantave”; y más adelante agregaba que Cantave “Se negó a contestar cuando se le preguntó de qué punto partieron los rebeldes esta Madrugada, alegando que ello es estrictamente confidencial” y que “cuando cualquier país protege o ayuda a un movimiento como el de esa naturaleza, no se puede denunciar”.

Pero sucedía que en la página 12 de ese ejemplar de El Caribe había una foto de Cantave, tomada en el momento en que bajaba de un avión militar dominicano que lo había traído a la base de San Isidro, y cuando vi a aquel hombre tan bien vestido, con dos maletines en la mano, me di cuenta inmediatamente de que el había partido hacia Haití desde territorio dominicano, puesto que no era posible que hubiera estado peleando en Haití con ropa tan buena, con corbata y con maletines de buena clase. Deduje que Cantave se había cambiado de ropa al entrar derrotado en tierra dominicana, y que por lo tanto había dejado esa ropa y esos maletines en territorio nuestro antes de entrar en Haití; en consecuencia, él había partido para Haití desde algún lugar de nuestro país. En ese momento me di cuenta de que se me había estado engañando; de que alguien había estado jugando de la manera más irresponsable con el destino de la República, y que ese alguien no eran los militares dominicanos, porque los jefes militares del país no eran capaces de inventar y de llevar a cabo un plan semejante.

Tomé inmediatamente las medidas del caso y a media mañana ya, estaba enterado de que en la noche anterior había habido movimiento de altos oficiales en el Palacio Nacional, donde estaba el Ministerio de las Fuerzas Armadas, y que en las reuniones había tomado parte el coronel Luther Long.

A medio día pude localizar al general Viñas Román, a quien le mostré la fotografía de Cantave que apareció en El Caribe, y le dije que esa fotografía demostraba que había salido de suelo dominicano, a lo que respondió que a él le parecía lo mismo; inmediatamente llamé al ministro García Godoy y le pedí que se dirigiera a la OEA solicitando una investigación de los hechos acaecidos el día anterior en la frontera de Dajabón.

Poco antes de morir, el Dr. García Godoy hizo en la revista Ahora una larga historia sobre esa petición mía, pero por lo visto había olvidado que después de ese momento no hablamos más del asunto, porque esa misma noche quedé preso en el Palacio Nacional.

El cable enviado por el ministro García Godoy al Embajador dominicano ante la OEA, o la llamada telefónica —porque ignoro si el ministro García Godoy se comunicó con él por cable o por teléfono— fue lo que determinó el golpe de Estado, dado la noche del 24 al 25. Pues los servicios: norteamericanos en nuestro país interceptaban todas las comunicaciones, y al interceptar ésa el embajador Martin y la misión militar se dieron cuenta de que la increíble historia de las invasiones de Cantave, los tres meses de campamentos y movimientos secretos iban a ser conocidos en todo el mundo; que ese conocimiento iba a producir un escándalo enorme en los Estados Unidos y en muchos otros países porque hasta ese día no se había dado en el mundo el hecho de que un gobierno amigo, que tenía relaciones diplomáticas y consulares con el de otro país, en este caso el de la República Dominicana, se dedicara a organizar un campamento de extranjeros armados con la finalidad de que esos extranjeros atacaran un país fronterizo sin que el jefe del Estado del país donde se estableció el campamento supiera una palabra de lo que estaba sucediendo.

Del escándalo que produciría el conocimiento de tales hechos iba a salir muy mal parado el prestigio de John F. Kennedy puesto que a él iba a tocarle ser el primer gobernante del mundo que sería acusado de haber cometido un desafuero semejante, de haber ordenado la ejecución de una violación tan escandalosa de las normas que gobiernan las relaciones entre los Estados y sus jefes.

Así pues, para salvar el prestigio de Kennedy y de los altos funcionarios de su gobierno que pusieron en práctica el plan de las guerrillas haitianas del ex-general León Cantave, incluyendo entre ellos al embajador Martin, se tumbó el gobierno de la República Dominicana, que había sido elegido diez meses antes con una mayoría aplastante de votos sobre el partido que ocupó el segundo lugar en las elecciones de 1962, y ese derrocamiento condujo a la Revolución de abril de 1965, con todos sus muertos y sus sufrimientos, a la intervención militar de los Estados Unidos, al río de sangre que ha seguido corriendo aquí desde entonces.

Esa es la historia secreta del golpe del 25 de septiembre de 1963. Muchos de los datos de esa historia secreta están en el libro llamado Papa-Doc, de los escritores Bernard Diederich, neozelandés casado con una haitiana, que vivió largo tiempo en Haití y vive ahora en México, y su colaborador Al Burt, norteamericano; los demás los recogí yo de boca de revolucionarios haitianos que tomaron parte en los movimientos de Cantave, a los cuales conocí en Puerto Rico, aquí, en 1965 y 1966, y en Francia; otros los he obtenido aquí, después de volver al país en abril de este año.

A cualquiera que haya dicho o diga que yo conocí los hechos antes, pídanle que presente las pruebas; y si no las presenta, juren que está hablando mentira.

Publicado en la Revista “Política: teoría y acción”, en septiembre de 1983.

 

“Historia del surgimiento del PLD en Europa” por Enrique Caminero Brea

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El presente artículo es un escrito testimonial del compañero Enrique Caminero,  que junto a Juan Francisco Santamaria, fundador y organizador del PLD en Paris y en Europa, narra los momentos fundacionales del PLD en Europa en los años setenta. Con motivo del 51  aniversario del golpe de estado que produjo el derrocamiento del gobierno del profesor Juan Bosch acaecido el 25 de septiembre del 1963. Este artículo es tambien un homenaje en honor al fenecido compañero, Juan Francisco Santamaria, fundador junto a Bosch, del PLD. Santamaria fue organizador y fundador del PLD en Europa y miembro del comité central del PLD.

A LA MEMORIA DEL COMPAÑERO JUAN FRANCISCO SANTAMARIA

 

Historia del surgimiento del PLD en Europa

Corrían los años setenta Juan Bosch creaba los núcleos germen del Partido de la Liberación Dominicana en noviembre de 1973, y en diciembre de ese año, se dio paso a su fundación proclamación oficial del Partido.
Un año después viajaba yo a Europa, a Paris a la capital francesa, llevaba una encomienda de correspondencias que Don Juan enviaba a tres destinaciones, este alijo estaba compuesto de cartas documentos sobre la fundación del PLD, y periódicos de Vanguardias del Pueblo, donde al comienzo laboré como fotógrafo, fotografías que muchas de ellas ilustraban los artículos de Juan Bosch, como aquel sobre la Refinería de Haina (destilería). Parte de lo enviado debía de entregar a Don Máximo López Molina, fundador del Movimiento Popular Dominicano (MPD) en el Hotel Danube, allí me dirigí y horas después de estar esperando me dijo el recepcionista del hotel que Don Máximo me esperaba en el café de la esquina. En presencia de López Molina, como me había dicho Don Juan, abrí el paquete y entregue lo que a este le correspondía, como lo que él debía de entregar al príncipe camboyano Norodon Sihanouk pues el resto de, quien se encontraba en Paris, le dije al entregárselo que en ese otro estaban artículos de Don Juan sobre los Antípodas y Kampuchea. El resto de mi encomienda era para hacer llegar al Partido Socialista Unificado (PSU) de Michel Rocard; (Ministro de economía en el gobierno de François Mitterrand) me dirigí a la sede para dejar en su secretaria el encargo de Don Juan Bosch.

Meses después, llegó a Paris el compañero Juan Francisco Santamaría, para que empezáramos a organizar un núcleo del PLD en Paris, como lo había pensado Bosch, porque en Paris; la capital francesa en ese momento histórico era la colmena de las ideas revolucionaria en Europa, la revolución de mayo 1968 había dejado la ebullición necesaria para la radicalización de las posiciones más avanzadas de ese entonces, el PSU, que había surgido en 1960 parte del antigua Sección francesa de la Internacional obrera (SFIO), estaba conformado por socialistas y revolucionarios trotskistas representaba en Francia en ese momento la fuerza de izquierda junto con el Partido Comunista, con mayor presencia en los sindicatos y movimientos de masas. Don Juan había entendido al él declararse marxista pero no leninista, mantenía cierta independencia, no se comprometía con las corrientes internacionales de Moscú y Pekín, por esto con su interpretación marxista de la realidad social y económica de la República Dominicana, lo que le permitía relacionarse con organizaciones políticas, marxistas dentro de la línea del PSU, de manera que podía ser el aliado ideológico del PLD. El PSU tenía un programa y concepción ideológica de un marxismo social, organización que apoyaba las revoluciones y movimientos de liberación, tercermundista, su visión internacionalista de apoyo a los movimientos revolucionario en África, Asia y América latina, encajaba con la concepción de Partido que Juan Bosch impulsaba dentro del PLD. Un Partido que además de aplicar el marxismo y luchar por liberación dominicana, fuese antillano y latinoamericanista, martiano y de unión bolivariana. Sólo así el marco local dejaría ser barrera para la liberación completa de los dominicanos.

Luego de su estadía en Paris Juan Francisco Santamaría viajo a Madrid, muy poco a nivel organizativo allí se podía hacer. España era presa de la represión franquista, las organizaciones de izquierda como antifranquistas se encontraban fuera de España en general, en cuanto a los dominicanos residentes allí, podían contarse con los dedos de la mano. En vista de lo descrito se emprendió el trabajo de hacer llegar dar a conocer el PLD por medio Vanguardia, a personalidades u organizaciones españolas en exilios que por lo general estaban en Francia. El núcleo PLD en Paris, centró su acercamiento con los exilados dominicanos del régimen dictatorial de Joaquín Balaguer. En el refugio de Massy Verrieres en las afueras de Paris estaban allí la gran mayoría, gran número pertenecía al MPD y otras organizaciones de izquierda, casi todos los dominicanos participábamos en el Comité Santo Domingo en Lucha, asociación que por su trabajo solidario y militante, integró parte del exilio haitiano, creándose una coordinación de denuncia de las dos dictaduras existente en la isla. De ese acercamiento, vinieron a integrarse más luego emepedeistas y sindicalistas de la talla de Fernando de la Rosa, y otros. Nuestro núcleo aprovechaba el espacio que nos brindaba la Ciudad Internacional Universitaria de Paris, donde se juntaban las diferentes asociaciones latinoamericanas y dentro de sus filas dirigentes de izquierda revolucionaria, de Uruguay, Perú, Bolivia, Chile y Argentina. El contacto con estos nos permitía tener un panorama más preciso de lo que ocurría en la América nuestra. A la vez, participábamos en los mítines que se llevaban a cabo en Paris condenando a las dictaduras militares en el Cono Sur, solidaridad con Palestina y los movimientos de liberación en África. Con Juan Francisco y otros dominicanos nos reuníamos, en ese entonces vivíamos juntos en Paris Roberto Rodríguez Marchena, Carlos Kalaf, Julio Ortega Tous, y quien escribe. Por nuestra vivienda llamada la comuna, pasaron muchos paisanos y latinoamericanos. El lugar donde vivíamos pertenecía al Instituto para el Desarrollo de los Pueblos (INODEP) institución que había creado el Educador brasileño Paolo Freire. Allí como en Bruselas se gestaba lo que vendría a ser la Teología de la Liberación.

En este centro coincidían curas comprometidos, guerrilleros, de América Latina y África, en allí conocí a Rosa Pasos, que de activista del Frente Sandinistas en Paris, llego a su Nicaragua y se convirtió en una aguerrida Comandante.
Juan Francisco y nosotros nos inscribimos en la Universidad París 8, pero como pensaba establecerse en España no siguió, eso sí asistía a las clases magistrales de Nikos Poulantzas, y otros profesores, cursos del filósofo Alain Badiou y seminarios. Al llegar el aniversario de la Revolución de los Claveles, viajamos a Portugal a vivir de cerca la Revolución. Nuestro viaje de solidaridad con la Revolución Portuguesa, nos permitió conocer que pasaba en África, sus excolonias portuguesas que luchaban por su independencia y proclamaban sus Repúblicas. En Lisboa nos dirigimos a la emisora local para saludar la revolución y a sus dirigentes, en una conversación con Juan en casa de un dirigente socialista, Santamaría recordaba con su entusiasmo parsimonioso que esa revolución había mucho de las características de lo que Don Juan en su tesis llamada Dictadura con Respaldo Popular. Allí conocimos dirigentes del Frente de Liberación de Mozambique (Frelimo) organización que dirigía el extinto presidente Zamora Machel como de los movimientos de Liberación de Amílcar Cabral. Nuestro interés estaba en ser consecuente con el internacionalismo que Juan Bosch impregnaba para el PLD.
En España, la muerte del dictador Francisco Franco abría las puertas para el viaje de Juan Francisco y su propósito de establecerse allí. El día del asesinato por tortura de los militantes vascos, participamos en Paris en una manifestación de repudio, junto a dirigentes de la izquierda española y francesa por los Campos Elíseos.
De vuelta a Paris, nos integramos de lleno a reunirnos con exiliados como Juan B. Mejía y su compañera Elsa Justo, también con estudiantes como José Serulle Ramia y Jacqueline Boin; y otros estas reuniones la hacíamos dentro del marco del Comité Santo Domingo en Lucha.

En dos ocasiones antes de viajar a Madrid, acompañe a Juan Francisco al local del Partido Socialista Unificado, no hay que olvidar que Juan fue además de Secretario General de la Federación de Estudiantes Dominicanos (FED) también de la Internacional de jóvenes socialistas que tenía su sede en Belgrado de aquí su acercamiento al organizaciones como el PSU, en cuanto como se llevarían a cabo las relaciones internacionales le pregunté, y él me contestó que las relaciones con esta organización como con otras en lo adelante se harían vía la Secretaria Internacional del PLD.
Antes de Juan Santamaría irse definitivamente para España, seguía participando en las actividades políticas, solidarias y sociales que se desarrollaban en la capital francesa.

En esos días llegó a Paris Héctor Amadis quien se presentó como periodista y enviado de Juan Bosch. Cierto que portaba una carta firmada por Don Juan; pero en ningún párrafo mencionaba ordenes alguna como el pretendía que le habían asignado como prerrogativas.

Juan había viajado, ya establecido en España, seguimos en contacto, el recibía los periódicos y me enviaba los que teníamos asignados para una decena de lectores que nuestro núcleo mantenía al tanto de lo que sucedía en el país
Mientras que en Paris Amadis actuaba de forma hostil a cualquier planteamiento político que no se correspondiera a su concepción. Mi negativa a sus pretensiones, provocó mi alejamiento. Entonces el Sr Amadis, atrajo a sus pretensiones a otros de los compañeros, tanto creyó ser, que a todo simpatizante o peledeista, Héctor Amadis trataba de someterlo, algo grave ocurrió contra un compañero profesor universitario de la UASD y militante del PLD, conocido nuestro, fue con otras personas a donde éste vivía en la Ciudad Universitaria Internacional, luego de acusarlo de que era un agente lo agredió, e hizo que lo amarraran a una silla para interrogarlo con intenciones violentas. Esto no pasó de ahí, Amadis con su proceder creó la cizaña, pretendió enemistarme con algunos miembros del Comité Santo Domingo en Lucha. Un día supe que regresaba a Santo Domingo, razones no dio, y que había vuelto a San Cristóbal, lo que le sucedió allá es penoso, perdimos contactos, y luego nos enteramos que estaba relacionado con el grupo de izquierda de Rubirosa, estos descubrieron que Amadis tenía contacto con la policía de ese entonces y que trabajaba para sus servicios, las cosas se le complicaron de tal manera que sufrió un atentado que lo dejó casi inválido.
En noviembre nos encontramos para coordinar el viaje a Roma, para acompañar a Juan Bosch al Tribunal Russell. Yo viajaría.

Tribunal Russell II

Tribunal Russell II

Viaje desde Paris para encontrarme en Roma con Juan Francisco Santamaría quien acompañaría a Juan Bpsch a partir de Madrid, viajé a Roma me acompañó mi amigo Julio Ortega. En enero del año de 1976 seccionó en Roma del 10 al 17 el Tribunal Russell II para América Latina, para denunciar y condenar las dictaduras y juntas militares en el continente, testigos e intelectuales estuvieron allí para dar a conocer y repudiar desde Italia para Europa y el mundo los crímenes de estos regímenes, Juan Bosch era uno de los invitados y miembro del Tribunal, allí se dieron cita García Márquez, Julio Cortázar, Ernesto Cardenal, Celia Guevara, hermana de Ernesto Che Guevara, Hortencia Bussi la viuda de Allende, los anfitriones, el Senador socialista Lelio Basso marxista y tercermundista, más otras personalidades italianas y belgas como el profesor François Rigaux de la Universidad Católica de Lovaina. También el francés Georges Cassalis presidente de la Cimade Luego de cada día de sección del Tribunal, el tiempo que sobraba, Juan Bosch lo dedicaba para reuniones con intelectuales de izquierda.
La Italia en ese entonces estaba en plena ebullición política, por un lado las Brigadas Rojas, secuestro de Aldo Moro, el Partido Comunista Italiano (PCI) renunciaba a sus principios y bases ideológicas que dieron origen, Berlinguer su Secretario General, lanzaba la idea del eurocomunismo, algo parecido sucedía en Francia y España en sus Partidos Comunistas. El imperialismo USA había sido derrotado en Vietnam, los pueblos aprendían que el enemigo número uno del género humano era derrotable y el pueblo vietnamita lo había logrado con su guerra de liberación.

El PLD como su líder Juan Bosch, aunaba solidaridad con las luchas de los pueblos y sus frentes de liberación en Asia, África y América, la estadía de Don Juan en Europa eran aprovechadas para establecer estas relaciones, y al regreso al país eran conformado comités de solidaridad con estas luchas, que a sus vez eran reforzadas con conferencias artículos y charlas de Juan Bosch, calando en el pueblo dominicano y sectores intelectuales; estrategia que sumaba militancia y simpatía para con el PLD y su líder.

Esos días transcurrían de reunión y participación en actos y conferencias, Juan Francisco Santamaría me hablaba de los seminarios de Norberto Bobbio sobre el marxismo y encuentros con dirigentes de Lutta Continua.
Hubo en esos días una reunión que para mí fue de gran importancia para el crecimiento del PLD en lo sucesivo.

 

Don Juan Bosch con el Senador Socialista Lelio Basso

Don Juan Bosch con el Senador Socialista Lelio Basso

 

En casa de Lelio Basso se llevó a cabo una reunión con los dirigentes de la izquierda dominicana en exilio. Allí estuvimos Juan Francisco Santamaría, Julio Ortega y quien escribe Enrique Caminero Brea.

De estos encuentros se coordinaron acuerdos y alianzas con dirigentes sindicales y de las organizaciones allí presente. Un resultado fue que en lo local el PLD llegó a tener la cabeza de la Central General de Trabajadores CGT, y los acuerdos y alianzas que se forjaron con organizaciones como Bandera Proletaria y su insigne dirigente Juan B Mejia, y otras que en los años ochentas fueron aliados.
En 1979 regreso a Santo Domingo, y el relevo nuestro en Paris lo retoma el compañero César Cuevas.
Esta participación muestra en estos acontecimientos que fueron forjando las ideas de Juan Bosch en peledeistas, dirigentes del exilio de esos años y estudiantes crearon una concepción clara del accionar en el marxismo y su metodología de Juan Bosch y la construcción del PLD Único para América, es necesario aclarar que cuando Don Juan escribió esto de Partido Único, no se refería a un sólo partido y que era el Único con la verdad, su referencia a Único en América, era y es porque para el PLD, siendo local de República Dominicana buscaba la liberación y cumplir con las tareas que el creador de la República se había propuesto. El PLD para Bosch tenía que ser marxista para poder analizar el punto de vista y el comportamiento de las clases en la sociedad dominicana y como se relacionaban con los acontecimientos de la región latinoamericana, los movimientos y revoluciones triunfantes en el mundo, por ende su accionar sería revolucionario, participe de la revolución, y a la anti-imperialista, más por experiencia propia, dado el papel que jugó el imperialismo estadounidense en el golpe de estado que le saco del poder. El PLD era de liberación nacional e internacionalista, por ello, los nombres de tantos círculos de estudios como comités son de las máximas figuras de la liberación e independencia de la América nuestra, como señaló José Martí. Estas y otras características que conforman la concepción del Boschismo de Partido Único, pues semejantes con las señaladas no se había concebido de esa manera, algo se conocía en el Cono Sur, Alianza peruana de la Revolución Agraria ( APRA) de Haya de la Torre, con intenciones cercana.
Este aporte a esta página, busca aclarar confusiones por omisión o adrede, a su vez enderezar entuertos que son necesarios para que los que los que llegan o retoman las ideas de Juan Bosch tengan bien claro el porqué de sus ideas, pues como dice alguien “la historia de los de arriba no es la memoria de los de abajo”.

Paris 25 de septiembre 2014 (51 años del golpe de estado de 1963 al gobierno de Juan Bosch)

Enrique CAMINERO Brea.

 

 

“EL PROBLEMA PALESTINO” (Primera parte), por Juan Bosch

EL PROBLEMA PALESTINO,
por Juan Bosch

Primera parte (1 de 3).

3848691_123d26e7d8_mEl Estado de Israel, que ocupa hoy el territorio de la antigua Palestina, partes de los territorios del Líbano, Siria, la Transjordania y la Península de Sinaí, no es, como han dicho algunos interesados, un producto de la historia; es un producto del sistema capitalista, tal como éste vino a desarrollarse en el siglo XIX.

Aunque había nacido en el último tercio del siglo XVIII, allá por el año 1765, la industria mecanizada, es decir, la industria que funciona a base de máquinas, comenzó su verdadero desarrollo en los primeros 25 o 30 años del siglo pasado, y ese desarrollo requería una reorganización del mundo apropiada a las necesidades del crecimiento de la industria, lo que equivale a decir una reorganización del mundo apropiada al crecimiento del poderío económico, político y militar de Inglaterra, que era el país donde había nacido la industria moderna. Las máquinas fueron el producto del desarrollo del sistema capitalista, pero a su vez, gracias a la invención de la máquina de vapor el sistema capitalista iba a renovarse y a dar nacimiento dentro de él a un capitalismo más avanzado, y para el año 1838 ese capitalismo avanzado estaba viendo la necesidad de meter entre el África y Asia una cuña que debía ser un país puesto bajo la protección de Inglaterra.

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“EL PROBLEMA PALESTINO” (Segunda parte), por Juan Bosch

EL PROBLEMA PALESTINO,
por Juan Bosch

Segunda parte (2 de 3).

3848691_123d26e7d8_mEl pueblo norteamericano se oponía a entrar en la guerra y los ingleses querían presionar al gobierno de Wilson para que tomara parte en la guerra. Se habían usado todas las oportunidades para llevar a los norteamericanos a la guerra, como la que se presentó cuando un submarino alemán hundió el Lusitania, un buque yanqui de pasajeros, hecho que sucedió en el año 1915, y cuando otro submarino alemán hundió un buque francés en que viajaban muchos norteamericanos; sin embargo fue el bloqueo marítimo de Inglaterra, hecho por submarinos alemanes, lo que le sirvió a Wilson de pie para declarar la guerra a los llamados Imperios Centrales, es decir, el Imperio Alemán, el Austrohúngaro y el Turco.

¿Por qué fue ese bloqueo determinante en la declaración de guerra de los Estados Unidos?

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“EL PROBLEMA PALESTINO” (Tercera parte y final), por Juan Bosch

EL PROBLEMA PALESTINO,
por Juan Bosch

Tercera parte (de 3).

3848691_123d26e7d8_mEn algún libro cuyo título no recuerdo ahora, leí este razonamiento: Los grandes terratenientes árabes de Palestina, muchos de ellos absentistas (palabra que significa personas que viven ausentes de sus tierras o de sus negocios) les vendieron sus propiedades a los judíos sin que éstos los forzaran en ningún sentido, y en la mayoría de los casos los judíos pagaron esas tierras en más de lo que valían. Bien, aceptemos eso como verdad irrebatible, pero se trata de una verdad dentro de un concepto capitalista de la moral pública y privada, no dentro de un concepto humanitarista y por tanto de justicia auténtica. A millones y a cientos de millones y a miles de millones de personas se les ha hecho creer que la moral capitalista es la moral verdadera y por esa razón hay enormes cantidades de gente que consideran que es absolutamente moral que el que tiene algo lo venda, sobre todo si quien lo compra lo paga en algo más de lo que vale, y que es absolutamente moral que el que dispone de dinero compre lo que necesite o lo que le guste sin tomar en cuenta para nada a los demás. En el caso concreto de las tierras, que son bienes de producción con los que se ganan la vida, aun dentro del sistema capitalista, los que trabajan en ella aunque sean trabajadores que reciben un salario injusto, el propietario que se las vende a un extranjero está vendiendo un pedazo de su patria que no le pertenece solamente a él, porque al mismo tiempo que esa tierra es suya dentro de la ley fundamental del sistema capitalista que es la que establece la propiedad privada de los bienes de producción, esa tierra es también de las generaciones que no han nacido, puesto que los que van a nacer necesitarán un territorio para tener una patria. Una patria es el hogar de un pueblo, y un pueblo sin el territorio donde debe vivir y producir no puede formar una patria. Ahora bien, esos grandes propietarios árabes, muchos de ellos absentistas como dijimos hace poco, les vendieron sus tierras a los judíos sin tomar en cuenta lo que iba a sufrir el pueblo de Palestina cuando no tuviera tierras para trabajar en ellas, para producir en ellas lo que tenía que alimentarlo, y lo hicieron sin remordimiento de conciencia porque actuaban de acuerdo con la moralidad capitalista. En esa moral, lo que me deja beneficios económicos es bueno aunque perjudique a otros, y lo que me perjudica económicamente, o sin llegar a perjudicarme no me deja beneficios en dinero, es malo aunque beneficie a mi pueblo o a todo el mundo.

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La República Socialista de Vietnam colocará en Hanoi un busto de Juan Bosch

El gobierno de Vietnam rendirá homenaje al profesor Juan Bosch con la construcción de un busto que colocará en la Plaza de la Paz en la ciudad de Hanoi.

Bandera de Vietnam, Juan Bosch tomo el modelo de la bandera de Vietnam, como homenaje en la bandera del PLD.

Bandera de Vietnam, Juan Bosch tomo el modelo de la bandera de Vietnam, como homenaje en la bandera del PLD.

La información fue dada por una delegación vietnamita encabezada por Hoang Binh Quan, diputado de la Asamblea Nacional de su país y Presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Comité Central del gubernamental Partido Comunista de Vietnam, en visita al senado de la República Dominicana.
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