«EL PROBLEMA PALESTINO» (Primera parte), por Juan Bosch

EL PROBLEMA PALESTINO,
por Juan Bosch

Primera parte (1 de 3).

3848691_123d26e7d8_mEl Estado de Israel, que ocupa hoy el territorio de la antigua Palestina, partes de los territorios del Líbano, Siria, la Transjordania y la Península de Sinaí, no es, como han dicho algunos interesados, un producto de la historia; es un producto del sistema capitalista, tal como éste vino a desarrollarse en el siglo XIX.

Aunque había nacido en el último tercio del siglo XVIII, allá por el año 1765, la industria mecanizada, es decir, la industria que funciona a base de máquinas, comenzó su verdadero desarrollo en los primeros 25 o 30 años del siglo pasado, y ese desarrollo requería una reorganización del mundo apropiada a las necesidades del crecimiento de la industria, lo que equivale a decir una reorganización del mundo apropiada al crecimiento del poderío económico, político y militar de Inglaterra, que era el país donde había nacido la industria moderna. Las máquinas fueron el producto del desarrollo del sistema capitalista, pero a su vez, gracias a la invención de la máquina de vapor el sistema capitalista iba a renovarse y a dar nacimiento dentro de él a un capitalismo más avanzado, y para el año 1838 ese capitalismo avanzado estaba viendo la necesidad de meter entre el África y Asia una cuña que debía ser un país puesto bajo la protección de Inglaterra.

Libro "Breve Historia de los pueblos Árabes" de Juan Bosch

Libro «Breve Historia de los pueblos Árabes» de Juan Bosch

Primera parteSegunda parteTercera parte.

 

Según puede ver todo el que lea el libro El Problema Palestinense escrito por Edmundo Rabbat, Mustafá Kamil Yassen Y Aicha Rateb, páginas 54 y 55, ya en el 1840 Lord Shaftesbury recomendaba “la separación del mundo árabe, entre su parte africana y su parte asiática, por medio de la creación de un Estado”; y agregan los autores del libro que acabamos de mencionar: “Un memorando del 25 de septiembre de 1840, dirigido a Palmerston (que era entonces el ministro de Relaciones Exteriores de Inglaterra, cuyo busto está aquí, me parece que en la avenida Abraham Lincoln, porque tuvo intervención en los problemas políticos y militares dominicanos y haitianos en la época de nuestra independencia), contenía ya un plan de colonización de Palestina”. Además, ese libro nos entera de que en cartas que datan de agosto de 1840 y de febrero de 1841, Palmerston daba instrucciones a su embajador en Turquía de favorecer el establecimiento de los judíos en Palestina upara impedir toda tentativa de Mohamed Alí de realizarla unión de Egipto y Siria”. Los autores de ese libro llegan a decir que un Consulado inglés que fue establecido en el año 1838 en Jerusalén, daba protección a los judíos que vivían en esa ciudad, que fue la capital del Estado judío hace 2.900 años cuando ese Estado fue fundado por David, según puede verse en la página 321 de la edición que hizo en 196 71a editorial española CID de nuestro libro David, biografía de un rey. (A fin de que no haya confusiones aclaremos desde ahora, y no después, que ese Estado fundado por David hacia el año 1000 antes de Cristo no fue verdaderamente duradero; y no lo fue, primero, porque acabó dividiéndose en dos reinos: el de Israel y el de Judá, que se mantuvieron en guerra durante años; después, porque Israel fue ocupado por el reino de Damasco en el siglo VIII antes de Cristo; luego, porque en ese mismo siglo pasó a ser un país vasallo de Asiria, a la que tenía que pagarle tributos, y cuando un país paga tributo a otro país ya no es un Estado; es un territorio dependiente, pero no un Estado; y por fin, porque en el año 721 antes de Cristo, Israel, no ya el Estado fundado por David sino el país donde estuvo ese Estado, pasó a ser territorio asirio y después pasó a ser territorio babilonio. De lo que fue el reino de David y Salomón lo que quedaba hacia el siglo VII antes de Cristo era Judá, un pequeño territorio situado entre los filisteos y el Mar Muerto, que fue también ocupado por los asirios, aunque no totalmente dominado por ellos debido a que lo impidió el levantamiento de Josías y la guerra de los medos contra Asiria cuya capital, la gran ciudad de Nínive, fue tomada y destruida por los medos. De todos modos, la suerte de los asirios no benefició a Josías, que murió hacia el año 609 en combate con los egipcios, quienes avanzaron para ocupar el territorio de Judá y el de los filisteos o filistinos, palabra de la que procede Palestina, que le iba a dar nombre a toda la región comprendida entre Gaza y el Líbano, el Mar Mediterráneo y el río Jordán y el Mar Muerto.

Mientras tanto, bajo los reyes caldeos, que fueron los reyes de Babilonia. Babilonia se hacía rápidamente poderosa y llegó a un acuerdo con los medos para repartirse Asiria. En ese acuerdo Palestina, que era parte de Asiria, quedó como zona de los caldeos, quienes se la arrebataron a Egipto; pero como los palestinos se levantaban una y otra vez contra los caldeos, éstos al fin asolaron la región, tomaron Jerusalén y la destruyeron, hecho que se produjo hacia el año 587, es decir, en el siglo V antes de Cristo. Gran parte de la población palestina y de la de Judá o Judea fue llevada a Babilonia. El pueblo judío no se extinguió pero el Estado de Israel había dejado de existir hacía tiempo, y tras una serie de guerras que se prolongaron a lo largo de los siglos, Palestina pasó a manos de los griegos que gobernaron a Egipto después de la muerte de Alejandro, de los seléucidas que gobernaron la región después de los griegos ptoloméicos, y por fin cayó en poder de los romanos en el siglo I antes de Cristo. (Hay que tomar en cuenta que en la era cristiana contamos siglo I, II, III, IV, V hasta éste en que nos hallamos que es el XX, pero que antes de Cristo contamos al revés, es decir, V. IV, III. II, I; partimos del número más alto al más pequeño; por ejemplo, del siglo X antes de Cristo al IX antes de Cristo, al VIII antes de Cristo, al VII. VI, V. IV, III. II, I. Las dos maneras de contar el tiempo son como dos escaleras, una que baja y otra que sube, y las dos se unen en el nacimiento de la era cristiana).

Bajo el gobierno de Julio César, los sumos sacerdotes de Judea pasaron a ser ciudadanos romanos Y recibieron el título de procuradores de Judea, y Octavio, el sucesor de Julio César, le dio a Herodes el título de Rey de Judea y le proporcionó fuerzas militares romanas para que pudiera reconquistar Jerusalén, que se hallaba en manos de los partos. (Los partos eran árabes). Así, bajo protección romana, Herodes gobernó desde Jerusalén a partir del año 37 antes de Cristo, ya su muerte el reino fue dividido entre tres de los varios hijos que tuvo en sus diez o doce mujeres. (Sabemos de diez o doce oficiales, pero les aseguramos que no conocemos a fondo la vida íntima de Herodes). Uno de esos hijos fue Herodes Antipas, que no heredó el título de rey sino que fue designado tetrarca de Galilea (tetrarca era un título de origen griego y no romano), y fue él el que examinó a Jesús por petición de Poncio Pilatos, que era el procurador o gobernador de Jerusalén. Como Jesús era galileo, Pilatos quiso que lo juzgara el tetrarca de esa región de Palestina. A la muerte de Jesús, Palestina estaba dividida en la tetrarquía de Felipe, hijo de Herodes, la tetrarquía de Herodes Antipas, que fue quien interrogó a Jesús, y la enarquía de Arquelas, y en Jerusalén gobernaban los romanos.

Poco después, en el año 44, toda la Palestina pasó a ser una provincia romana gobernada por un procurador romano. Hubo varios levantamientos judíos y en el año 67, el emperador Vespasiano llegó a Palestina con su hijo Tito, que también fue emperador; pero no llegó solo: llegó con 60 mil soldados romanos. En el año 70, Jerusalén cayó en manos de Tito y la ciudad y el templo fueron destruidos por tercera vez, y para el año 73 quedaba eliminada toda clase de resistencia al poder romano y Palestina entera pasó a ser provincia del Imperio Romano con el nombre de Judea. A partir de ese momento, los procuradores pasaron a llamarse legados. En el año 132 se construyó en el lugar donde había estado Jerusalén la colonia Aelia Capitolina, con templos dedicados a los dioses romanos, y como esa decisión originó la rebelión de Bar-Kojba, los romanos actuaron con una dureza indescriptible: destruyeron todas las aldeas y mataron medio millón de personas.

Estamos contando todo esto para que ustedes vean cómo había desaparecido totalmente el Estado judío en Palestina, y no solamente había desaparecido como un Estado nacional, es decir, como una organización política, sino que también había desaparecido desde el punto de vista religioso porque ya había sido destruido tres veces lo más sagrado para los judíos, que era el templo de Jerusalén, que había levantado Salomón de acuerdo con los planos que le dejó David, y con el dinero que le dejó David para construir1o. El país había sido ocupado por numerosos, no uno, ni dos, ni tres, sino por numerosos imperios, y además en el orden religioso la ciudad de Jerusalén había dejado de ser la capital del judaísmo puesto que los romanos después de destruir1a, establecieron allí una ciudad romana con templos y dioses romanos; entre esos templos había uno dedicado al emperador porque en Roma el emperador se adoraba como si fuera un dios.

Cuando Constantino el Grande se convirtió al cristianismo, cosa que sucedió en el siglo III, hizo construir en Jerusalén la iglesia del Santo Sepulcro. Ese dato indica que en el siglo III, Jerusalén había dejado de ser la capital de la religión judaica y había pasado a ser una ciudad de religión cristiana. Elena, la madre de Constantino, mandó levantar en Belén la iglesia de la Natividad en el lugar donde estuvo el establo en que nació Jesús, y mandó levantar en Jerusalén la Iglesia de la Asunción. Todos esos hechos indican que ya el judaísmo había desaparecido en Palestina, a pesar de que en el año 352 hubo una rebelión judía en Galilea que fue aplastada por Galo. En cuanto a rebeliones, sabemos que las hubo aun en tiempo de Cristo; pero muchas de ellas eran limitadas. Por ejemplo, había tribus que se levantaban por razones religiosas y otras veces por cualquiera otra causa; digamos porque mataban a un miembro de tal tribu y esa tribu respondía matando a miembros de la tribu del matador.
Bajo el gobierno de Constantino, la provincia de Judea fue unida a Arabia. Ustedes saben que la religión mahometana considera a Jerusalén como uno de los tres lugares santos de los árabes, no mientras era territorio judío sino cientos de años después, cuando era provincia del Imperio de Bizancio, allá por los años 634, 636 de la era cristiana, y desde entonces fue territorio árabe, hasta que en mayo de 1948 se estableció allí el Estado de Israel. Pero como dijimos al comenzar esta charla, ese Estado es el producto del sistema capitalista tal como éste vino a desarrollarse en el siglo XIX. Ya estuvimos hablando de que desde 1838 Inglaterra estableció en Jerusalén un Consulado que tenía la misión de ofrecer protección a los judíos que hubiera en la ciudad, y nos referimos a los planes ingleses, expuestos en el 1840, de formar en Palestina un Estado que fuera una cuña colocada entre los árabes de África y los árabes de Asia. Y ahora debemos decir que en el año 1839 el judío inglés Mosés Montifiori, que seguramente debió ser hijo de algún judío italiano porque su apellido quiere decir los montes de las flores, y que tenía el título de Sir, un título de nobleza de Inglaterra, propuso un plan de colonización judía en Palestina, y fue a base de ese plan de Sir Mosés Montifiori que se hizo en 18561a primera plantación de naranjos en la región. En el 1870, Charles Netter fundó una escuela agrícola en la colonia de judíos llamada Mileve Israel. y el Barón Edmond de Rothschild, de la familia de los grandes banqueros judíos que estaban establecidos en Inglaterra y en Francia, compró tierras y organizó en el sur de Palestina una siembra de viñedos. (El viñedo es la planta de la cual sale la uva, y con la uva se hace el vino. Fíjense que la palabra viñedo y la palabra vino se parecen mucho). Toda esa actividad, organizada por grandes figuras del judaísmo inglés del siglo pasado respondía a un plan de expansión del capitalismo industrial inglés, que era entonces el que se hallaba a la cabeza del desarrollo industrial del sistema capitalista.

N o es cierto, como dice Michel Bar- Zohar en su libro Israel: el nacimiento de una Nación, que el sionismo nació el 19 de diciembre de 1894 en el tribunal militar de París mientras era juzgado el capitán Alfred Dreyfus, judío francés acusado por su jefe inmediato de haber vendido a los alemanes secretos militares. Dreyfus fue condenado a cadena perpetua en La Cayena. La Cayena queda en la Guayana Francesa, y ese lugar era conocido en el mundo entero como el presidio más espantoso de la Tierra. Michel Bar-Zohar cuenta lo siguiente:

Entre los periodistas (que se hallaban presenciando aquel juicio), un hombre es presa de una emoción intensa. Es vienés, escritor y publicista enviado especial en París del Neue Freie Presse (que era un periódico de Austria). Es un judío austriaco, el doctor Theodoro Herzl. Republicano, francófilo ferviente (es decir, que admiraba mucho a Francia), siente que todo un mundo se derrumba en el proceso Dreyfus. Bruscamente descubre la verdad: los judíos no tendrán jamás paz, seguridad ni respeto mientras estén dispersos entre las otras naciones. Su única salvación es encontrar una patria, un hogar para ellos. Ese hogar existe desde siempre: es Palestina. Herzl decide escribir un libro, El Estado Judío, en el que expone su idea, la creación de un Estado hebreo. Al año siguiente el libro es publicado en varias lenguas y suscita una emoción indescriptible en los medios judíos.

Hasta aquí llega el autor de la biografía de Ben Gurión, que tiene ese título de Israel: el nacimiento de una Nación.
Decíamos que lo que cuenta Michel Bar-Zohar no es verdad, porque el sionismo no nació de golpe debido a una emoción que sacudió el alma de Theodoro Herzl. En la naturaleza que nos rodea y en la mente de los hombres los hechos se dan como resultado de un proceso que va cubriendo etapas; todo, hasta el relámpago que vemos iluminando las nubes negras y desatando truenos que parecen cadenas de cañonazos, todo eso es resultado de un proceso. Nada se produce instantáneamente. Cuando Herzl estuvo en París enviado por un periódico austriaco para informar del juicio contra Dreyfus, que fue el juicio más célebre en su época, ya había colonias judías en Palestina; las había desde hacía muchos años. Es más, Theodoro Herzl no había nacido todavía cuando los colonos judíos sembraban naranjos en Palestina siguiendo los planes trazados por Sir Mosés Montifiori. Lo que hizo Herzl fue publicar dos años después del juicio de Dreyfus un libro titulado El Estado Judío, en el cual se le dio forma orgánica a una idea y a una práctica que tenían muchos años de vida, y es posible que la condena de Dreyfus (absolutamente injusta porque el que le vendió secretos militares a Alemania no fue él sino su jefe, que era un coronel del ejército francés) estimulara a Herzl a escribir su libro, pero no es verdad que ese libro le surgió de repente en el fondo del cerebro cuando oyó la condena de Dreyfus. Las ideas que Herzl expresó venían desarrollándose desde hacía tiempo, gradualmente, en muchas mentes judías y en otras no judías, pero el que las ordenó en un conjunto fue Herzl; en vez de hablar de enviar judíos a Palestina para formar colonias de agricultores, habló de crear un Estado Judío en Palestina. Es más, Herzlllegó hasta a señalar las fronteras de ese Estado cuando dijo estas palabras: «Debemos tener acceso al mar en razón del porvenir de nuestro comercio exterior. Debemos igualmente poseer una gran superficie de tierra para introducir nuestros cultivos modernos en gran escala”. Y más adelante decía que la consigna que los judíos debían lanzar era la de «la Palestina de David y Salomón”. Pero a medida que pasaba el tiempo, su idea de la creación de un Estado judío en Palestina iba teniendo éxito entre la población judía de Europa y América, y con ese éxito las ambiciones de Herzl crecían también, y ya en los últimos tiempos no le parecía suficiente la Palestina de David y Salomón y quería una Palestina que fuera desde el río de Egipto, es decir, el río Nilo, hasta el Eufrates. Los judíos llegaron efectivamente hasta el río Nilo, hasta cerca del Nilo, puesto que llegaron hasta el Canal de Suez en el 1967; lo que nos parece un poco difícil es que puedan llegar hasta el Eufrates aunque podemos estar seguros de que hay muchos de ellos, si no una mayoría de ellos, que están alimentando ese sueño. Hace tres o cuatro días, por ejemplo, hubo en Jerusalén manifestaciones contra el gobierno actual de Israel porque las fuerzas judías van a retirarse unos pocos kilómetros del Canal de Suez. Centenares de jóvenes, de muchachos y muchachas, se pararon frente a las oficinas del primer ministro, jefe del gobierno, con un conejo en la mano, yeso en Israel es una manera de llamarle cobarde al primer ministro porque allí el conejo es el símbolo de la cobardía.
En sus primeros pasos como ideólogo del sionismo, Herzl pensó que el Estado judío podía establecerse en la América del Sur, y hubo sionistas que hablaron de establecerlo en la Argentina y en el Brasil y hasta en Uganda. Uganda es el país africano donde gobierna «Papacito” Amín, que fue sargento de la guardia inglesa y ahora le pone telegramas a la reina de Inglaterra diciéndole que él va para Londres y le exige que ella vaya al aeropuerto a esperarlo. Pero el primer congreso sionista, que se celebró en la ciudad suiza de Basilea en el 1897, es decir, un año después de haber sido publicado el libro de Herzl, señaló concretamente a Palestina como el lugar para formar el Estado judío, y señaló el método para penetrar en Palestina y quedarse allí diciendo que debía hacerse mediante una (y ahora leo las palabras de Herzl) «colonización racional de Palestina por medio del establecimiento de labradores, artesanos e industriales judíos”, cosa que precisamente venía haciéndose desde hacía muchos años, desde antes de que él naciera, porque Theodoro Herzl nació en el año 1860 y ya en Palestina había labradores (quiero decir, agricultores) y artesanos judíos.

El segundo congreso sionista, celebrado en 1899, decidió fundar el Banco Colonial judío, que tendría su sede en Londres y que se dedicaría a financiar el establecimiento de negocios agrícolas, industriales y comerciales en Palestina y en Oriente. Lo que planeaban los sionistas era comprarle la Palestina al gobierno turco y el propio Herzlle dijo al sultán Abdul- Hamid:

 Si Su Majestad nos diera la Palestina podríamos comprometemos a regularizar completamente las finanzas de Turquía. Para Europa constituiríamos en la región un sector de la muralla contra Asia; seríamos el centinela avanzado de la civilización contra la barbarie. Nos mantendríamos, como Estado neutral, en relación constante con toda Europa, que debería garantizar nuestra existencia.

Observen que esas eran exactamente, aunque dichas con otras palabras, el plan de Lord Palmerston y la idea de Lord Saftesbury; es decir, «la separación del mundo árabe entre su parte africana y su parte asiática, por medio de la creación de un Estado», sólo que ni Palmerston ni Saftesbury llegaron a decir que el Estado sería judío. Eso vino a decirlo Herzl cincuenta años después en su proposición al sultán Abdul- Hamid, quien le respondió a Herzl, con la dignidad propia de un jefe de Estado, de esta manera: «El Imperio Turco no me pertenece a mí sino al pueblo turco. Yo no puedo distribuir ningún pedazo del mismo. Que los judíos se guarden sus millones. Cuando mi Imperio sea repartido podrán tener Palestina por nada. Pero es únicamente nuestro cadáver lo que será dividido. Yo no aceptaré una vivisección» (vivisección significa cortar a un ser humano o animal estando vivo). Efectivamente, fue después de que el Imperio Turco era un cadáver cuando los judíos pudieron adueñarse de Palestina, no antes.
El 17 de agosto de 1903, el gobierno inglés le escribió a Herzl, que iba a morir en el 1904, ofreciéndole el territorio africano de U ganda para que estableciera en él el Estado judío, lo que quiere decir que ya los ingleses aceptaban la tesis de que el Estado fuera judío aunque no estuviera situado donde ellos pensaban sino en Uganda. Herzl convocó el sexto congreso sionista para estudiar la propuesta inglesa y las conclusiones de ese congreso fueron las siguientes: «La organización sionista se atiene firmemente al principio fundamental del programa de Basilea, a saber, la creación de una patria garantizada por el derecho público para el pueblo judío en Palestina, y declina, como finalidad y como medio, toda acción colonizadora fuera de Palestina y los países colindantes».
Esas palabras «acción colonizadora» revelan que los líderes judíos comprendían de una manera clara que lo que ellos iban a hacer en Palestina era colonizarla. Herzl se oponía a la infiltración que era un método de penetración en territorio palestino seguido de manera individual por muchos judíos. Herzl murió, como dijimos hace un rato, en 1904, a mediados de ese año, y no pudo detener esa penetración que siguió dándose después de su muerte. Irse a Palestina era lo que los judíos llamaban la aliyah, el sueño de los jóvenes sionistas. Uno de los jóvenes que hicieron la aliyah fue David Ben Gurión, que iba a ser el primer jefe de gobierno del Estado de Israel.
Se estima que para el año 1903, es decir, cuando se reunió el sexto congreso sionista, el último a que asistió Herzl, la población judía en Palestina era de 60 mil almas, y esa población fue aumentando, aunque despacio; dio un salto en 1906, cuando los infiltrados judíos empezaron a establecerse en el Valle del Jordán, donde estaban las tierras más ricas de Palestina, pero para 1914 se calculaba que los judíos establecidos en Palestina no pasaban de 85 mil. Ese año de 1914 fue cuando comenzó la Primera Guerra Mundial. En esa Primera Guerra Mundial participó un cuerpo judío al lado de los ingleses. Dicen que el que a «buen árbol se arrima buena sombra lo cobija», y ellos se arrimaron a los ingleses con ese cuerpo militar. Naturalmente el inicio de la guerra no paró la infiltración judía en Palestina, que todavía era territorio turco y por tanto territorio enemigo de los ingleses. Sin embargo la guerra provocó una salida grande de judíos de Palestina porque cuando terminó en el año 1918 había solamente 56 mil judíos y cuando comenzó cuatro años antes había 85 mil. Esa disminución se explica por la persecución turca a los que viviendo en territorio de Turquía eran partidarios de los enemigos de ese país.
Los judíos ayudaron a los ingleses en la guerra no solamente con ese cuerpo militar que se llamaba Zion Mules Corp, es decir, un cuerpo montado en mulos, una especie no de caballería sino de mulería judía, sino que en el año 1917 formaron la Legión judía y además ayudaron de muchas otras maneras. Por ejemplo, el químico Weizman, que iba a ser el primer presidente de Israel, trabajó en Londres para el gobierno inglés y logró mejorar el trinitrotolueno convirtiéndolo en un explosivo muchas veces más poderoso que lo que había sido hasta entonces y que todos los que estaban siendo usados en la guerra, y se cree que los inventos de Weizman jugaron un papel importante en la decisión del gobierno inglés de ofrecerle su respaldo a la idea de establecer una nación judía en Palestina.
Además de la influencia que pudo tener Weizman en esa decisión, se sabe que en ella pesó grandemente la posibilidad de que el movimiento sionista norteamericano, alentado por la actividad de Inglaterra en favor de la creación del Estado judío, presionara al gobierno norteamericano para llevarlo a participar en la guerra del lado de los aliados, como sucedió en el mismo año en que Lord Balfour envió a Lord Rothschild la histórica carta que se conoce con el nombre de Declaración Balfour. Debemos aclarar, sin embargo, que la entrada de los Estados Unidos en la guerra tuvo efecto siete meses antes de que Lord Balfour enviara su carta al banquero Rothschild, lo cual, naturalmente, no significa que los sionistas norteamericanos no conocieran la posición del gobierno inglés sobre el problema judío con mucha anticipación, antes, incluso, de que se produjera, al comenzar el año 1917, el bloqueo marítimo de Inglaterra, que fue el pretexto de que se valió el gobierno norteamericano para justificar su declaración de guerra a Alemania, hecho que tuvo lugar el 6 de abril de ese año 1917.
El pueblo norteamericano era opuesto a tomar parte en la guerra, pero el número de judíos que había en los Estados Unidos era altísimo y entre ellos se habían organizado muchos grupos sionistas. Sería una tontería nuestra pensar que la decisión de enviar a Lord Rothschild la carta de Lord Balfour fue obra exclusiva de este último. Esa fue la obra del llamado Gabinete de Guerra inglés, que estaba formado por los primeros ministros de los territorios ingleses, incluyendo al primer ministro de Inglaterra; y recordemos que en esos tiempos, los territorios ingleses eran enormes y riquísimos; que entre ellos estaban Australia, Nueva Zelandia, la India, Canadá, África del Sur, Rodesia, y estamos hablando de los importantes, no de los que no tenían gobiernos propios como las islas inglesas del Caribe o los protectorado s africanos, entre los cuales los había de tanta categoría como Egipto.
Decíamos que el pueblo norteamericano se oponía a tomar parte en la guerra, y para que ustedes vean cómo nos han engañado siempre les contaremos que hoy mismo (26 de agosto) leíamos en The New York Times del domingo un artículo de una señora que ha muerto de 89 años y una semana antes de morir terminó ese artículo en el cual contó cómo actuaba la democracia norteamericana (que en esa ocasión era democrática dos veces porque el país estaba gobernado por el Partido Demócrata bajo la presidencia de Woodrow Wilson, el democrático presidente que ordenó la ocupación militar de Haití y de nuestro país). A todos los que se oponían a la entrada de los Estados Unidos en la guerra se les perseguía; eran apaleados, llevados a la cárcel, sacados de sus empleos y trabajos. Esa señora y un grupo de amigos de ella fundaron la Liga de la Defensa de los Derechos Humanos, que fue la primera organización de su tipo que hubo en los Estados Unidos.

Continua en la segunda parte.