«EL PROBLEMA PALESTINO» (Segunda parte), por Juan Bosch

EL PROBLEMA PALESTINO,
por Juan Bosch

Segunda parte (2 de 3).

3848691_123d26e7d8_mEl pueblo norteamericano se oponía a entrar en la guerra y los ingleses querían presionar al gobierno de Wilson para que tomara parte en la guerra. Se habían usado todas las oportunidades para llevar a los norteamericanos a la guerra, como la que se presentó cuando un submarino alemán hundió el Lusitania, un buque yanqui de pasajeros, hecho que sucedió en el año 1915, y cuando otro submarino alemán hundió un buque francés en que viajaban muchos norteamericanos; sin embargo fue el bloqueo marítimo de Inglaterra, hecho por submarinos alemanes, lo que le sirvió a Wilson de pie para declarar la guerra a los llamados Imperios Centrales, es decir, el Imperio Alemán, el Austrohúngaro y el Turco.

¿Por qué fue ese bloqueo determinante en la declaración de guerra de los Estados Unidos?

Libro "Breve Historia de los pueblos Árabes" de Juan Bosch

Libro «Breve Historia de los pueblos Árabes» de Juan Bosch

 

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Ustedes van a comprenderlo cuando sepan, en el año 1913 la balanza comercial norteamericana era favorable en 690 millones de dólares, lo que significa que entre lo que compraban y vendían a otros países había una diferencia a su favor de 690 millones de dólares; y en el año 1916 la balanza había pasado a ser favorable en 3 mil millones de dólares, y 3 mil millones de dólares, que hoy nos parecen nada, eran en aquellos días una cantidad de dinero fantástica; era tanto dinero que la mente humana no lo concebía. Y ese enorme beneficio en el comercio internacional de los Estados Unidos procedía fundamentalmente de las compras que hacían Francia e Inglaterra en Norteamérica. Esos dos países estaban dedicados únicamente a la guerra, de manera que no tenían capacidad para producir nada que no fueran equipos militares, y sus hombres, fueran obreros o fueran intelectuales, o estaban en las trincheras o estaban preparándose para ir a ellas; y en los años de esa guerra, la mujer de los grandes países industriales no tenía aún, como la tuvo en la Segunda Guerra Mundial, preparación para ir a las fábricas a ocupar los puestos que dejaban vacíos los hombres que iban a los campos de batalla. No olvidemos que la Primera Guerra Mundial fue una verdadera hecatombe, en la que tomaron parte más de 60 millones de hombres, de los cuales murieron en las trincheras muchos millones.
En esa Primera Guerra Mundial participaron todos los grandes países capitalistas y. algunos que sin llegar a grandes, estaban en camino de serlo. En ella, el Japón peleó al lado de los aliados contra Alemania, Austria y Turquía. El propósito de los grandes países capitalistas era repartirse las materias primas de las partes más atrasadas del mundo, pero como las materias primas no están en el aire, no flotan sino que están en la tierra, y la tierra se halla repartida en países, había que tomar parte en la guerra para cuando ella terminara, tener posiciones tomadas que les permitieran participar en la distribución de esos países coloniales que se haría, sin duda alguna, al terminar la guerra, o para participar en el reparto de las zonas de influencia que harían posible la explotación de esas regiones sin necesidad de ocupar físicamente los territorios que iban a ser explotados. En el caso de nuestro país hubo ocupación física, ocupación militar. Los Estados Unidos nos ocuparon en el segundo año de la guerra, un año antes de entrar en ella, para explotarnos como productores de azúcar, como hemos explicado muchas veces, y en plena guerra le compraron a Dinamarca, Saint Thomas y las Islas Vírgenes, además de que ya habían ocupado Haití y Nicaragua.
En ese momento histórico, lo más importante para Norteamérica era controlar las zonas de influencia comercial para crear lo que iba a llamarse después la Zona del Dólar, que iba a funcionar en oposición a la Zona de la Libra Esterlina, que era la moneda que corría en todo el Imperio inglés. Al terminar ese segundo año de la guerra, el balance comercial era de 3 mil millones, y claro, el gobierno norteamericano no iba a perder un dólar de esos, de manera que los sionistas norteamericanos realmente no iban a tener necesidad de hacer mucho esfuerzo para llevar al gobierno norteamericano a la guerra. Treinta y ocho años después tampoco tendrían que hacer muchos esfuerzos para que el gobierno de Truman sustituyera al gobierno inglés como protector supremo del sionismo, pues ya para esa época, es decir, para el año 1945, los Estados Unidos habían sustituido a Inglaterra en la jefatura mundial del sistema capitalista, y ese sistema fue el padre y la madre y el hermano mayor del movimiento sionista.
La carta de Lord Balfour a Lord Rothschild decía: «El gobierno de Su Majestad ve con buenos ojos el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío y hará todo lo que pueda para facilitar la puesta en práctica de ese objetivo». Al final le decía a Lord Rothschild que «hiciera conocer esa carta a todos los organismos sionistas», es decir, a la federación de organismos sionistas que estaban establecidos especialmente en Europa y en los Estados Unidos. Lloyd George, que fue el primer ministro del gobierno en el cual Lord Balfour era ministro de Relaciones Exteriores, dijo mucho más tarde, en un libro titulado La verdad sobre los tratados de paz, que todos los miembros del gobierno inglés pensaban (y aquí empiezo a leer sus palabras) «que cuando llegase la hora de otorgar instituciones representativas a Palestina, si los judíos habían sabido sacar provecho de la ocasión ofrecida por la idea del Hogar Nacional para llegar a ser una mayoría entre los habitantes, Palestina se convertiría en un Estado judío independiente».

Más claro no canta un gallo. Esa y no otra era la forma en que estaban pensando los gobernantes ingleses en el momento mismo en que el general Allenby lanzaba sus fuerzas sobre Palestina y poco más de un mes antes de que tomara a nombre de Inglaterra la ciudad de Jerusalén. (Ya ustedes saben que Jerusalén fue tomada en el mes de noviembre de 1917 por Allenby). Y si este testimonio del jefe del gobierno inglés en cuyo nombre habló Lord Balfour no nos bastara, tenemos el del general Jean Christian Smuts, que en su condición de primer ministro del gobierno de Sudáfrica, que era entonces parte del Imperio Inglés, pertenecía al gabinete de guerra del Imperio Británico en el momento en que Lord Balfour hizo conocer su declaración de apoyo al plan de que los judíos se establecieran en Palestina. En un discurso que pronunció el 13 de noviembre de 1919 en Johannesburgo, la capital de Sudáfrica, el general Smuts dijo estas palabras: “En las próximas generaciones vais a ver levantarse allí en Palestina una vez más el gran Estado judío”.

Creemos que no hay necesidad de presentar nuevos argumentas para convencerlos a ustedes de que desde el momento mismo en que el sionismo se organizó, lo hizo con el propósito bien definido de establecer un Estado judío en Palestina y que ese plan contó de antemano con el apoyo de Inglaterra, que era entonces el país capitalista por excelencia, el jefe del sistema capitalista en el mundo, y ese apoyo se explica porque por razones históricas que trataremos de explicar brevemente, los judíos habían producido una verdadera élite, una crema también mundial de grandes capitalistas especialmente en el campo de las finanzas, en el cual venían actuando desde hacía siglos, primero como prestamistas de reyes y gobiernos y después como banqueros de comerciantes e industriales y también de gobernantes.

¿De dónde salió esa élite, esa crema mundial judía de grandes capitalistas, especialmente en el campo de las finanzas?
Salió de la última diáspora. ¿Qué quiere decir diáspora?

Esa palabra quiere decir dispersión, y aplicada al caso concreto de la historia a que estamos refiriéndonos en estas charlas, significa dispersión de los judíos, es decir, se refiere al hecho de que los judíos fueron sacados de Palestina y tuvieron que ir a vivir a otros países, o lo que es igual, fueron dispersados. Así, sepan que cada vez que ustedes oigan la palabra diáspora deben darle solamente ese sentido. La primera diáspora fue la del destierro a Babilonia, que duró desde el año 597 al 538 antes de Cristo, es decir, unos 60 años, al cabo de los cuales los judíos volvieron a Palestina y muy especialmente a Jerusalén; la segunda diáspora es muy prolongada y no tiene fecha de iniciación. Algunos consideran que comenzó con la destrucción de Jerusalén por las fuerzas romanas bajo el mando de Tito, pero eso no parece cierto porque se sabe que hacia el siglo !II antes de Cristo había judíos establecidos en varios lugares del Mediterráneo que se dedicaban al comercio y sobre todo al comercio de la moneda; había judíos en la propia Roma dedicados a ese negocio. Parece que a raíz de la destrucción de Jerusalén por los romanos en el año 70 de nuestra era y los años del dominio romano, los judíos seguían saliendo del país y se dedicaban en Alejandría, en Roma y en las ciudades grandes del Mediterráneo al comercio de dinero. Los romanos prohibieron a los judíos ir a Jerusalén.
A medida que los judíos fueron penetrando en los países europeos comenzaron a ser vistos como extranjeros peligrosos porque el cristianismo se extendía rápidamente por esos países y los judíos no eran cristianos; y peor aún, a los judíos se les acusaba de haber dado muerte a Cristo. Pero el odio religioso tenía una base de otro tipo: era el comercio de dinero a que se dedicaban muchos judíos. Ese comercio los convertía en objetivos del odio popular porque cobraban muy caro por el dinero que prestaban, pero además resultaba que al mismo tiempo que ellos les prestaban dinero a las gentes del pueblo se convertían en amigos de los reyes y los nobles que cuando necesitaban dinero lo conseguían prestado de los judíos ricos. Ahora bien, para asegurarse el cobro de esos préstamos que ellos les hacían a los reyes, a los príncipes, a los nobles (incluso se dice que el dinero para el viaje del descubrimiento de América fue proporcionado a la reina Isabel la Católica por judíos de España), esos judíos reclamaban que se les autorizara a hacer el cobro de los impuestos, y el cobro de los impuestos era cosa que no les agradaba ni a los nobles ni a los pueblos; así fue como en muchos países se fue creando un distanciamiento entre los pueblos y los judíos en el cual se mezclaban las luchas de los explotados contra los explotadores con los odios religiosos, y como el desarrollo político era en esos siglos casi inexistente porque entonces las ideologías se expresaban en términos religiosos y no en términos políticos, en vez de unirse los explotados cristianos y los explotados judíos (que los había, y eran la mayoría de los judíos como ha sucedido siempre en todos los pueblos), unos y otros se dejaban engañar por los explotadores judíos y cristianos que siempre se entendían para hacer negocios y repartirse los beneficios en las alturas en que vivían.

Cuando decimos que las ideologías de aquellos tiempos se expresaban en términos religiosos y no políticos nos referíamos a que los capitalistas que fueron formándose en el seno de la sociedad feudal eran políticamente más avanzados que los señores feudales y que los siervos feudales, pero ese avance no se manifestaba en términos políticos sino en términos religiosos; es decir, dentro del cristianismo, por ejemplo, se formaba una secta religiosa más avanzada que la religión de los más atrasados, y esa secta religiosa nueva trataba de conquistar el poder y entraba en guerra contra la parte de la población políticamente más atrasada que defendía la religión en los valores anteriores. Muchas de esas cosas están sucediendo hoy en el mundo y tenemos el ejemplo del padre Camilo Torres en Colombia, y tenemos el ejemplo de muchos sacerdotes que políticamente son más avanzados que otros. Así vino a suceder que cuando comenzó la formación del capitalismo dentro del seno de la sociedad feudal, los judíos, pero especialmente los judíos pobres, tuvieron que irse a vivir a barrios para ellos solos, barrios que a veces tenían que ser amurallados, es decir, tenían que hacerse cercas de piedras para que sus habitantes pudieran defenderse de los ataques de las poblaciones cristianas.

Esos barrios judíos se llamaban ghetto s, palabra de origen italiano que se usa hoy para referirse a barrios donde viven razas consideradas inferiores, como es el caso de los negros en los Estados Unidos. Había otra palabra que se relacionaba con esa y que ya no se usa. Era la palabra progrom, que significa ataque, destrucción y saqueo de un ghetto judío por parte de cristianos, generalmente azuzados por las autoridades que necesitaban distraer la atención del pueblo por razones políticas o porque querían quedarse con los bienes de los judíos e inventaban, cada vez que la situación económica o política se les ponía difícil, cualquier argumento que pudiera sublevar a las masas cristianas o católicas, como por ejemplo, la noticia de que varios judíos habían sido sorprendidos comiéndose un niño cristiano o sacándole la sangre para bebérsela o que unos cuantos judíos se habían robado la hostia sagrada de tal iglesia o que habían quemado una imagen de la virgen talo de Jesús.

A veces las matanzas de judíos llevadas a cabo en los progroms eran impresionantes, y aunque los progroms fueron desapareciendo en los países de Europa a medida que iba avanzando la conciencia política de las masas, siguieron llevándose a cabo en algunas partes, como en Rusia, y aunque sea difícil de admitir, esa persistencia de los progroms y en general de la discriminación violenta contra su pueblo, llevó a muchos intelectuales judíos a elaborar lo que podríamos llamar una ideología del aislamiento y diferenciación que los separaba de los pueblos mientras otros, como fue el caso de Marx, respondieron buscando la verdad profunda acerca de lo que dividía a cristianos y judíos y encontraron que esa era una división falsa y concebida para engañar a los pueblos; que lo que realmente dividía a la gente no era la religión sino el lugar que cada quien ocupa en las relaciones de producción. Así por ejemplo, en Inglaterra, el país más desarrollado del mundo dentro del sistema capitalista, un judío como Disraeli llegó a ser en el siglo pasado jefe del gobierno, es decir, primer ministro, y un banquero como Rothschild llegó a Lord del reino, es decir, fue declarado noble. En otro país donde el capitalismo se desarrollaba rápidamente, los Estados Unidos, muchos judíos pasaron a ocupar posiciones de mando en la banca, las industrias, el comercio y varias actividades, especialmente, en las que forman o ayudan a formar la opinión pública. Debemos insistir especialmente en el caso de los comerciantes judíos de dinero que se dedicaban a ese negocio ya en tiempos de Roma, en la provincia capital del imperio Romano y en tiempos de los reyes ptoloméicos en Alejandría. Recordemos a los cambistas, esto es, a los que compraban y vendían monedas, a los peregrinos que iban al templo de Jerusalén, a quienes Jesús echó de allí a latigazos. Pues bien, el manejo de ese negocio durante siglos formó entre los judíos expertos banqueros y financistas, como la venta de joyas formó entre ellos grandes capitalistas joyeros. En pocas palabras, a medida que la sociedad occidental se desarrollaba y entraba en la era capitalista y el capitalismo se desarrollaba a su vez, entre los judíos fueron desarrollándose habilidades y mentalidades capitalistas que pasaron a asociarse de manera natural y lógica con los grandes capitalistas no judíos, porque tal como aclaró Marx, las sociedades no primitivas se dividen en clases, y tal como dice la gente del pueblo desde tiempo inmemorial siglos antes de que naciera Marx, cada oveja busca su pareja.

Digamos que no todos los judíos que se destacaron se hicieron capitalistas. La necesidad de sobrevivir en un mundo que los perseguía y la división del trabajo que se va dando en cada sociedad a medida que aumenta el número de sus miembros y la vida se va haciendo más compleja debido al desarrollo de las fuerzas productivas, llevó a muchos judíos a hacer esfuerzos gigantescos para destacarse en sus medios respectivos, porque un judío que se destacaba como médico o como matemático o como músico o como político se ponía a salvo de la persecución y sobre todo de la discriminación injuriante. Eso es lo que explica que en la historia de Inglaterra, Francia, Italia, Alemania, Rusia y otros países haya tantos judíos que conquistaron nombres famosos, que entre ellos surgieron sabios en todas las ciencias y figuras mundiales en todas las actividades. Pero hay que convenir en que el mayor número de los judíos que se destacaron lo hicieron como capitalistas o como ideólogos del sistema capitalista, y hay que convenir también en que la mayor parte de la masa judía de la diáspora siguió a esos capitalistas y a esos ideólogos del sistema capitalista. Ahí es donde hay que ir a buscar la fuerza original y actual del sionismo. Hay que buscarla en el hecho de que es una organización que defiende y expande violentamente lo que se llama el status quo, es decir, lo que está establecido, el sistema en que vive, y lo defiende con todas las armas, las ideológicas y las de hierro.

La semana pasada mencionamos el caso del segundo congreso del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso, organización de categoría histórica porque ella fue la que estableció el primer Estado socialista que conoció la humanidad, de manera que dentro de 50 o 100 años, cuando la mayoría de los países del mundo sean socialistas, hecho que nadie podrá evitar, ese partido será reconocido en todas partes como lo han sido durante 1.900 años los apóstoles del cristianismo, esto es, como los propagandistas de una nueva era. Pues bien, el segundo congreso del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso, que se celebró en Bruselas entre el 17 de julio y el 10 de agosto de 1903, casi al mismo tiempo que se celebraba el congreso sionista de ese mismo año, fue de importancia excepcional porque en él quedó definida la forma en que debían organizarse los partidarios rusos del marxismo para poder alcanzar el poder, y en la tarea de lograr esa definición los miembros del congreso quedaron divididos en dos grupos; uno llamado mayoría que en ruso se dice bolchevique, y otro llamado minoría que en la misma lengua se dice menchevique. Pues bien, entre los mencheviques estaba un sector formado principalmente por judíos marxistas que exigían que el congreso los reconociese como los únicos representantes de los trabajadores judíos, yeso significaba nada más y nada menos que para esos marxistas judíos la sociedad no estaba dividida en clases como lo habían demostrado Marx y Engels sino en nacionalidades, la cual era la tesis capitalista no expresada todavía en esa época de manera organizada por ninguna doctrina. Esa sería precisamente la tesis que iba a justificar la guerra de un país rico contra uno pobre para quitarle sus riquezas arrebatándole la soberanía a fin de poder arrebatarle, a través de la dependencia política, sus materias primas, su comercio, y pagarle a bajo precio su mano de obra. La actitud de esos judíos marxistas rusos es una prueba de hasta qué punto muchos judíos, aun llamándose revolucionarios eran en realidad partidarios del sistema -y hablamos del sistema capitalista- que aparentemente deseaban o se proponían derrocar.

Todavía hoy; miles de soviéticos de origen judío luchan por salir del país donde nacieron y se formaron para irse a Israel, lo cual demuestra que habiendo nacido socialistas y habiéndose formado en un ambiente socialista lo que ellos son realmente es partidarios a rajatabla del capitalismo, yeso, el capitalismo, es lo que les atrae de Israel.

El sionismo nació como una expresión ideológica y práctica del capitalismo en el mismo momento en que en Europa se desarrollaban las organizaciones nacientes del socialismo, de manera que si vemos los acontecimientos del Cercano Oriente desde el punto de vista marxista tenemos que concluir en que lo que está sucediendo en esa región es un reflejo a nivel internacional de la lucha de clases que se lleva a cabo en todo el mundo, yeso y no otra cosa es lo que explica el papel que han jugado, y siguen jugando en los acontecimientos del Cercano Oriente, los Estados Unidos, de parte de Israel, y la Unión Soviética y otros países socialistas, de parte de los pueblos árabes. Esa lucha, cuando se lleva a cabo de parte de un país rico y poderoso contra uno pobre y débil, tiene un nombre, o mejor dicho dos nombres, se llama imperialismo por un lado y por el otro se llama colonialismo.

Israel está llevando a cabo en el Cercano Oriente una lucha imperialista con el propósito de colonizar a los pueblos de la región a partir de la base que ha establecido en Palestina. Si se vuelven los ojos atrás se puede comprobar lo que decimos recordando que desde el primer momento los judíos se prepararon para esa lucha organizándose como se organiza una empresa económica que persigue un fin político. Comenzaron reuniendo dinero para comprar tierras en Palestina o consiguiendo que las compraran banqueros como los Rothschild; después organizaron un banco que no podía tener un nombre más significativo, Banco Colonial judío, que cosa de medio siglo más tarde pasaría a ser el Banco Nacional de Israel. Para capitalizar ese banco, es decir, para proporcionarle fondos, se creó el Fondo Nacional Judío y casi 30 años después, en el 1929, se organizó en la ciudad suiza de Zurich la Agencia Judía, cuya función consistía en dirigir desde el punto de vista económico, pero con criterio político, las actividades de los judíos que se hallaban en Palestina.

 

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