«EL PROBLEMA PALESTINO» (Tercera parte y final), por Juan Bosch

EL PROBLEMA PALESTINO,
por Juan Bosch

Tercera parte (de 3).

3848691_123d26e7d8_mEn algún libro cuyo título no recuerdo ahora, leí este razonamiento: Los grandes terratenientes árabes de Palestina, muchos de ellos absentistas (palabra que significa personas que viven ausentes de sus tierras o de sus negocios) les vendieron sus propiedades a los judíos sin que éstos los forzaran en ningún sentido, y en la mayoría de los casos los judíos pagaron esas tierras en más de lo que valían. Bien, aceptemos eso como verdad irrebatible, pero se trata de una verdad dentro de un concepto capitalista de la moral pública y privada, no dentro de un concepto humanitarista y por tanto de justicia auténtica. A millones y a cientos de millones y a miles de millones de personas se les ha hecho creer que la moral capitalista es la moral verdadera y por esa razón hay enormes cantidades de gente que consideran que es absolutamente moral que el que tiene algo lo venda, sobre todo si quien lo compra lo paga en algo más de lo que vale, y que es absolutamente moral que el que dispone de dinero compre lo que necesite o lo que le guste sin tomar en cuenta para nada a los demás. En el caso concreto de las tierras, que son bienes de producción con los que se ganan la vida, aun dentro del sistema capitalista, los que trabajan en ella aunque sean trabajadores que reciben un salario injusto, el propietario que se las vende a un extranjero está vendiendo un pedazo de su patria que no le pertenece solamente a él, porque al mismo tiempo que esa tierra es suya dentro de la ley fundamental del sistema capitalista que es la que establece la propiedad privada de los bienes de producción, esa tierra es también de las generaciones que no han nacido, puesto que los que van a nacer necesitarán un territorio para tener una patria. Una patria es el hogar de un pueblo, y un pueblo sin el territorio donde debe vivir y producir no puede formar una patria. Ahora bien, esos grandes propietarios árabes, muchos de ellos absentistas como dijimos hace poco, les vendieron sus tierras a los judíos sin tomar en cuenta lo que iba a sufrir el pueblo de Palestina cuando no tuviera tierras para trabajar en ellas, para producir en ellas lo que tenía que alimentarlo, y lo hicieron sin remordimiento de conciencia porque actuaban de acuerdo con la moralidad capitalista. En esa moral, lo que me deja beneficios económicos es bueno aunque perjudique a otros, y lo que me perjudica económicamente, o sin llegar a perjudicarme no me deja beneficios en dinero, es malo aunque beneficie a mi pueblo o a todo el mundo.

Libro "Breve Historia de los pueblos Árabes" de Juan Bosch

Libro «Breve Historia de los pueblos Árabes» de Juan Bosch

Primera parteSegunda parteTercera parte.

 

Ustedes recordarán que hace poco dijimos que al terminar la Primera Guerra Mundial. lo que equivale decir al terminar el año 1918, la población judía en Palestina era de 56 mil personas, pero recordemos también que al finalizar ese año de 1918, los ingleses estaban en Palestina desde hacía un año, y que iban a estar ahí hasta el 15 de mayo de 1948, esto es, 30 años más; recordemos que desde el año 1938, los ingleses tenían el propósito de meter una cuña entre los países árabes de África y los de Asia, y que esa cuña iba a ser concebida después como un Estado judío establecido en Palestina, y recordemos por fin que al comenzar el mes de noviembre de 1917 el gobierno inglés por boca de su ministro de Relaciones Exteriores declaró que Inglaterra estaba dispuesta a emplear todos sus esfuerzos para que se estableciera en Palestina un Hogar Nacional judío. Esos puntos que acabamos de recordarles forman una línea clara, coherente; esto es, todos esos puntos están relacionados entre sí como parte de un plan general que había surgido como una idea ochenta años antes y que se había ido realizando a lo largo de ese tiempo a medida que las circunstancias iban permitiéndolo.

A partir del final de la Primera Guerra Mundial resultaría más fácil llevar adelante ese plan porque Palestina había quedado bajo mandato inglés. Según se dice con acierto en el número 70 de Les Cahiers de l’Histoire, tal como aparece en la traducción al español del libro El Problema Palestinense, páginas 63-64, «Los estados árabes vecinos de Israel no han cesado de temer que la inmigración sea el origen de un engranaje sin fin (que es lo que nosotros llamamos aquí tornillo sin fin) al pedir los judíos tierras para ubicar sus inmigrante s (es decir, los judíos que llegaban a Palestina), y al instalar inmigrante s para poder pedir tierras… Los árabes tenían, pues, fundamentos para considerar la creación del Estado de Israel, no como el comienzo de una era de estabilidad, sino, como el origen de una expansión» (destinada a llevar a Palestina a los judíos de todos los países) como en efecto ha resultado ser.

Golda Meier, quien originalmente se llamaba Golda Meyerson, tenía razón cuando declaró, siendo una jovencita, el 24 de agosto de 1921: «No es a los árabes a quienes los ingleses van a elegir para colonizar Palestina, sino a nosotros». Y efectivamente así fue, y así tenía que ser dado que en ese terreno los ingleses no estaban improvisando; seguían, como dijimos hace poco, una línea adoptada desde hacía 80 años. Para el 1920, los ingleses habían autorizado una entrada anual de 16 mil 500 inmigrante s judíos y para el 1922 la población judía llegaba a ser el 11 por ciento de la población total de Palestina.

Mapa de la ocupación de Palestina por la creación el estado de Israel y posterior ocupación  1878-2008

Mapa de la ocupación de Palestina por la creación el estado de Israel y posterior ocupación 1878-2008

En un libro titulado Palestine, Loss of a Heritage, cuyo autor es Sami Hadawi, encontramos datos muy precisos y bien organizados, lo que se explica porque Sami Hadawi fue funcionario evaluador de tierras e inspector de mediciones para el pago de los impuestos en el Departamento de Establecimiento en las tierras del gobierno de Palestina de 1937 a 1948, lo que le dio oportunidad de mantenerse bien informado en materia de tierras ocupadas por judíos y por árabes así como del número de judíos que llegaban a Palestina; y dice él que al ocupar los ingleses en 1917 el territorio de Palestina, la población era aproximadamente de 700 mil personas, de las cuales 574 mil eran mahometanas, 70 mil eran cristianas y 56 mil judías; pero que datos de confianza, en los que podía creerse, solamente vinieron a tenerse en el censo hecho el 23 de octubre de 1922 y en el que se hizo el 18 de noviembre de 1931, aunque del último, el de 1931, se excluyeron, o se sacaron para fines de cálculos futuros, los soldados ingleses de ocupación, que eran unos 2 mil 500, y los beduinos del sub distrito de Besheba, que eran 66 mil 553. (Debemos aclarar que los beduinos son los habitantes árabes del desierto, que viven trasladándose constantemente de un sitio a otro). Los datos de ese censo mostraron que de 752 mil 48 habitantes que tenía Palestina en el año 1922, se había pasado en 1931 a 1 millón 33 mil 314, de los cuales eran mahometanos, incluyendo los nómadas, 759 mil 700; judíos, 174 mil 606; cristianos, 88 mil 907, y de otras religiones, 10 mill0l. Los únicos que habían aumentado más del doble habían sido los judíos, que de 83 mil 790 habían pasado a 174 mil 606; el aumento de la población árabe apenas pasó rozando de la tercera parte. En cuanto a la tierra, los 56 mil judíos que había en el país en el 1918 ocupaban 162 mil 500 acres, cantidad que equivale a un millón 45 mil 528 tareas; pero el total de las tierras llegaba a 6 millones 580 mil 755 acres, o dicho en tareas, 42 millones 375 mil 700.
Ahora bien, esos números y los tantos por ciento de ellos parecen decir una verdad pero no dicen la verdad, porque cuando se habla de tierra lo más importante no es la cantidad; lo más importante es la calidad. Diez tareas de tierra en Moca producen muchas veces más que 200 tareas de tierra en Guayacanes, y me refiero a Guayacanes de la costa Este que queda a unos 10 o 12 kilómetros de San Pedro de Macorís; y además de la calidad, la tierra tiene más valor si está cerca de una ciudad importante donde hay población que pueda consumir el producto de esa tierra, y si se estudia el mapa de los suelos de Palestina en esa época, se aprecia en el acto que los judíos se adueñaron de las tierras de mejor calidad, aunque cuando las Naciones Unidas planearon en el año 1947 el reparto de Palestina entre los judíos y los árabes, a ellos les tocaron, además de las mejores tierras, la mayor parte de las de Neguev, que eran las más pobres, pero también a los árabes les tocaron esas del Neguev y las de las orillas del Mar Muerto y del Jordán, hasta el Norte de Nablus, y todas esas son tierras de la misma pobre calidad que las de Neguev.
La inmensa mayoría de las tierras destinadas a los árabes, tal vez más del 80 por ciento, era de calidad o mediana o pobre, pero digamos también que calidad mediana o pobre no significa en Palestina tierras improductivas. Esas tierras de Neguev y de la orilla derecha del Jordán produjeron siempre olivos, que es el árbol de la aceituna, de la cual se saca el aceite, y viñedo s, es decir, la planta de la uva de la cual se hace el vino. Los grandes propietarios árabes, especialmente los absentistas como dijimos hace poco, iban vendiendo sus tierras a los judíos, y la organización obrera judía llamada Histadruth prohibía que los propietarios judíos, fueran privados o fuera la Agencia judía, emplearan trabajadores no judíos, de manera que la masa del pueblo palestino árabe que no disponía de tierras sino que vendía su fuerza de trabajo quedaba en una situación desesperada. Esa situación dio lugar a explosiones de violencia que se hicieron graves a partir de 1929. Debemos aclarar que la violencia no detuvo la llegada de judíos a Palestina. En 1939 ya había allí unos 400 mil judíos. Ese mismo año el gobierno inglés reconoció que había ido demasiado lejos en su apoyo a los judíos porque los árabes se levantaban y mantenían un estado de sublevación permanente, y en el Libro Blanco de ese año declaró que no tenía la intención de patrocinar un Estado judío en Palestina sino que Palestina debía convertirse en un Estado independiente, en el cual debían vivir juntos árabes y judíos con iguales derechos y responsabilidades, y fijó la cantidad de emigrantes judíos en 10 mil por año, más 25 mil refugiados por año, durante 5 años.
Pero sucedió que en ese año de 1939, estalló la Segunda Guerra Mundial provocada por el ataque alemán a Polonia, como dijimos en la charla anterior, y sucedió también que Hitler y su partido nazi tenían como base de su doctrina al mismo tiempo que la destrucción de la Unión Soviética, el aniquilamiento de la raza judía, a la que Hitler consideraba la culpable de todos los males de Alemania. La salida de judíos de Alemania, Austria y Checoeslovaquia aumentó enormemente en ese año de 1939 y pasó a convertirse en un torrente humano a partir de la ocupación de Polonia. Una parte de esos judíos iba a otros países, especialmente a los Estados Unidos, pero gran parte iba a Palestina. La enorme matanza de judíos hecha por los nazis en los años de la guerra agravó la situación de los palestinos porque creó un clima mundial de horror hacia los crímenes nazis que se manifestaba en un apoyo general al propósito de establecer un Estado judío en Palestina. De nada valió que en el protocolo de Alejandría, que sirvió de base a la formación de la Liga Árabe, se dijera esta verdad más grande que las pirámides egipcias: «No puede haber mayor injusticia que resolver el problema de los judíos tan injustamente tratados en Europa, mediante otra injusticia causada a los árabes de Palestina».

Para el año 1939, Inglaterra comenzaba a ver con preocupación la situación de Palestina, pero para 1945, al terminar la Segunda Guerra Mundial, la corona de reina del sistema capitalista había pasado de la cabeza de Inglaterra a la de los Estados Unidos. La crema mundial judía del sistema capitalista, que había establecido en el siglo pasado su cuartel general en Inglaterra, porque Inglaterra fue desde el siglo XVIII el centro mundial del capitalismo, había ido a establecerse en los Estados Unidos a partir de los años que siguieron el final de la guerra de secesión norteamericana, debido a que después de esa guerra comenzó el violento desarrollo de ese país que iba a llevarlo a la posición de líder del capitalismo mundial, puesto que alcanzó gracias a las dos grandes guerras de 1914-1918 y 1939-1945.Al terminar la segunda de esas guerras, los judíos norteamericanos se hallaban a la cabeza de grandes industrias, grandes bancos y especialmente dominaban los medios de comunicación de masas como periódicos, estaciones de radio, agencias de publicidad, editoras de libros, cátedras de universidades y colegios, y dominaban también organizaciones de trabajadores y el pequeño comercio de las ciudades más importantes del país, y además la población judía de los Estados Unidos había llegado a ser muy numerosa. Un ejemplo de lo numerosa que llegó a ser la población judía, lo tenemos en el caso de Henry Kissinger. Henry Kissinger era un niño judío alemán y salió huyendo con su familia de Alemania cuando tenía 13 años, durante esa Segunda Guerra Mundial; fue a dar a los Estados Unidos y ahí lo tienen ustedes ahora de Secretario de Estado de ese país. Imagínense si será o no será influyente.

Después de la conferencia de Yalta, en la que tomaron parte el presidente de los Estados Unidos Franklin Delano Roosevelt, el jefe del gobierno y del partido comunista de la Unión Soviética, Josef Stalin, y Winston Churchill, el jefe del gobierno inglés, Roosevelt se reunió con Abdul Aziz Ibn Saud, que era el rey de Arabia (de su nombre Saud sale el nombre de Arabia Saudita) y era el padre de Faisal, a quien acaba de matar hace poco un sobrino. La reunión tuvo lugar a bordo del crucero Quincy; en el que viajaba Roosevelt, y según cuenta Leonard Mosley en su libro El peligroso juego del petróleo, mientras los dos jefes de Estado hablaban de cultivos y de la cooperación entre los Estados Unidos y la Arabia Saudita para la extracción y comercialización del petróleo, parecían dos viejos amigos. Menos armonía hubo al tratar de la solución del problema palestino. La conversación derivó, entonces, hacia una serie de malentendidos que iban a enturbiar las relaciones entre ambos países en los meses siguientes.

Hasta ahí llega ese párrafo de Mosley, quien sigue diciendo que «Roosevelt prometió, primero de palabra y después confirmándolo por carta, que como presidente nunca llevaría a cabo ninguna acción hostil para los árabes, y que el gobierno de Washington no cambiaría su política palestina sin consultar de antemano tanto a los árabes como a los judíos». Ibn Saud quedó muy contento con esa declaración, pero sucedió que Roosevelt murió dos meses y medio después de haberla hecho, y según dice Mosley «su promesa murió con él»; y en una nota al pie, Mosley explica lo siguiente: Al romper la promesa de Roosevelt el presidente Harry S. Truman usó unas palabras que desde entonces han venido obsesionando, dice Mosley, tanto a los petroleros como a los diplomáticos que intentan negociar con los árabes. Las palabras de Truman que Mosley pone entre comillas son éstas:»Lo siento, señores, pero me debo a cientos de miles de personas que están deseosas de ver el éxito del sionismo. Entre mis electores carezco de cientos de miles de árabes».

Para ganarse el apoyo de los judíos norteamericanos, un apoyo que significaba su elección como presidente de los Estados Unidos, Truman respaldaba la petición judía de que se permitiera la entrada inmediata en Palestina de otros 100 mil judíos. De hecho, ya para ese momento, año de 1947, el poder que decidía en Palestina no era Inglaterra, eran los Estados Unidos. Cuando la Agencia Judía resolvió respaldar a las organizaciones terroristas judías que actuaban en Palestina contra las autoridades inglesas y contra los árabes, desde luego, los ingleses arrestaron a algunos jefes de la Agencia Judía. Eso ocurrió cuando los terroristas judíos volaron el hotel David, donde había varios jefes ingleses. Truman protestó de esa medida mientras al mismo tiempo el Congreso norteamericano se negaba a dar fondos pedidos por los ingleses para cubrir gastos que ellos hacían precisamente en Palestina.