Libro: “La Guerra de la Restauración” de Juan Bosch

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guerra_restauracion_portada Los capítulos de este libro se publicaron en el semanario Vanguardia del Pueblo a partir del número 253, correspondiente al 20 de agosto de 1980, y se recogen ahora en un volumen porque no me queda la menor duda de que la guerra de la Restauración es la página más notable de la historia dominicana y también la más ignorada, no ya desde el punto de vista subjetivo sino desde el objetivo. La casi totalidad de los dominicanos no tienen idea de lo que fue esa guerra como esfuerzo colectivo, gigantesco y heroico, y también lo que fue como hazaña militar; y quien lo sabe, como le sucede al autor de estas líneas, está en el deber de hacer todo lo posible para que el mayor número de personas hagan conciencia de la grandeza de ese episodio de la vida nacional.

La guerra de la Restauración comenzó el 16 de agosto de 1863 y el día 22 caían en manos de los restauradores Guayubín, Dajabón, Monte Cristi, Sabaneaba (hoy Santiago Rodríguez); el día 24 el capitán general español declaraba el estado de sitio en todo el país; el 28 caían en poder de los insurgentes el ayuntamiento y el cuartel de Puerto Plata, La Vega, San Francisco de Macorís, Cotuí; el 30 cayó Moca, y Gaspar Polanco llevaba a Santiago mil hombres con los que iba a iniciarse ese mismo día la batalla conocida con el nombre de esa ciudad.

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Juan Bosch
Santo Domingo, 7 de febrero de 1982.

I

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Si el general Santana y los hombres de su gobierno tenían razones políticas para anexionar el país a España, la gran masa del pueblo tenía una que para ella era determinante: la miseria en que vivía. La única descripción de esa miseria que conocemos es la que hizo Alejandro Angulo Guridi, que aparece en Composición Social Dominicana (página 175) expuesta como sigue: “Yo llegué (a la Capital) en septiembre de 1852, y voy a decir en pocas palabras del aspecto que ofrecía… las calles llenas de surcos, cubiertas de yerbas, muchas, muchísimas casas en ruinas… Había muchísimas casas, la mayor parte con gran ausencia de aseo en sus puertas, pisos y paredes; con algunos taburetes viejos, y una o dos hamacas en las salas, habitadas por familias pobrísimas… De esas, gran número ofrecían a la vista del transeúnte el cuadro de un comercio humildísimo, efecto de la haraganería, consistiendo en un reducido número de frutos del país y algunas bagatelas colocadas unas en el suelo y otras en una tabla que descansaba sobre dos barriles, todo ello cerca de la puerta de la calle”.

La descripción que hace Angulo Guridi es muy viva, pero no es acertada cuando dice que el comercio humildísimo que se hacía en la capital del país era efecto dé la haraganería. De lo que era efecto era de la miseria, y en un medio donde lo único que abundaba era la miseria no se les podía pedir a las gentes que fueran trabajadoras. ¿Qué iban a producir con su trabajo? Ese comercio humildísimo que todavía hoy vemos en las calles de Santo Domingo —el hombre maduro que ofrece en venta tres aguacates o una mano de guineos en una esquina de la avenida 27 de Febrero o en otra vía de mucho tránsito— es el símbolo del subdesarrollo, palabra que significa escaso desarrollo económico con su lógica consecuencia de pobre desarrollo social, cultural y político.

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La anexión se hizo posible porque la alta y la mediana pequeña burguesía comercial cibaeña que se levantó contra Báez no pudo conseguir el respaldo popular que le hacía falta para derrotar a las fuerzas gobiernistas. Ese respaldo debían ofrecerlo las tres capas más bajas de la pequeña burguesía, pero éstas, que eran mayoritariamente campesinas, seguían a Báez, y muy especialmente después que se produjo el cambio del oro y la plata destinados a la compra del tabaco por las papeletas del gobierno, pues esa operación, que arruinó a los comerciantes, benefició a los cosecheros de tabaco, que para entonces eran sobre todo pequeños propietarios campesinos.

Colocadas en una situación difícil, la alta y la mediana pequeña burguesía comercial cibaeña, seguramente seguidas por la alta y la mediana pequeña burguesía agricultora que no producían tabaco, o por lo menos seguidas por sus representantes políticos, decidieron traer a Pedro Santana, adonde había ido a vivir, de manera que al cabo de varios años volvía a darse la alianza entre la pequeña burguesía y los hateros… Esa alianza de 1857 llevaría a Pedro Santana al poder, sin el cual no habría podido anexar el país a España.