Artículo: “ACERCA DEL GENTILICIO DE LOS DOMINICANOS” POR JUAN DANIEL BALCÁCER

ACERCA DEL GENTILICIO DE LOS DOMINICANOS
POR JUAN DANIEL BALCÁCER
Publicado el 8 de septiembre de 2012

La nacionalidad es una dinámica en evolución permanente. No surge al azar ni se adquiere exclusivamente por virtud de providencias jurídicas o legislativas: simplemente se forja con el devenir del tiempo en una época histórica específica y en determinado espacio geográfico habitado por un conglomerado social que, por lo general, entre otros factores, comparte comunes experiencias lingüísticas, históricas, antropológicas y culturales.
En el caso dominicano, el proceso de construcción de la nación y, lo que es más importante, la conformación de un ethos o sentimiento nacional, han sido fenómenos en gestación durante siglos. Andrés L. Mateo ha escrito que la dominicanidad “es un pendular entre el parecer y el ser”, una especie de gerundio, un “siendo”, o, más bien, una realidad mutable en constante evolución y transformación hasta adquirir nuevos contornos y perfiles cualitativos.
En el presente artículo insisto nueva vez el tema que versa sobre nuestro gentilicio, pero no me adentraré en el examen de los conceptos de nación y de nacionalidad. Me limitaré, por tanto, a brindar una explicación en torno al origen del vocativo nacional de los dominicanos, al tiempo de establecer a partir de qué época, en el discurrir histórico de nuestra nación, se comenzó a usar el gentilicio de dominicano para identificarnos como pueblo.
¿De dónde proviene y desde cuándo se usa? Hay quienes equivocadamente creen que a los habitantes de la parte española de la isla de Santo Domingo se les comenzó a identificar con el gentilicio de “dominicanos” a partir del 27 de Febrero de 1844 cuando fue proclamada la República Dominicana.
Se impone precisar que el origen y uso de nuestro gentilicio es anterior a la fundación del Estado nacional. Es más: por haber sido el pueblo de Santo Domingo, o lo que es lo mismo, el pueblo dominicano, el que inició y concluyó exitosamente el movimiento de separación de Haití, constituyéndose en una nación independiente y de fundamentos democráticos, fue que el general Juan Pablo Duarte dio el nombre de República Dominicana al nuevo Estado que nació en 1844.
El gentilicio “dominicano” deriva del nombre de Domingo. Recuérdese que el Adelantado Bartolomé Colón -hermano del Almirante Descubridor de América- entre 1496 y 1498 fundó una pequeña ciudad sobre la margen oriental del río Ozama, en el área en donde hoy se encuentra la iglesia del Rosario (contigua a los Molinos Dominicanos). Esa nueva ciudad fue bautizada con el nombre de Santo Domingo, designación que, según las crónicas antiguas, obedeció a tres razones. La primera razón fue que el día en que el Adelantado Bartolomé Colón llegó al lugar escogido se festejaba el onomástico del Santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de Predicadores conocida como “dominicos o dominicanos”; la segunda, que ese día, por coincidencia, era domingo; y, la tercera, que el padre de los Colón se llamaba Domingo.
Los amantes de la historia dominicana recordarán que la primera ciudad de Santo Domingo fue destruida por un huracán en el año 1502, y que el nuevo Gobernador de la colonia, Frey Nicolás de Ovando, dispuso su traslado a la margen opuesta del río, esto es, donde actualmente se encuentra la ciudad colonial.
Es fama que el nombre de Santo Domingo, dado a la ciudad Primada de América (que en una ocasión fue llamada “la Atenas del Nuevo Mundo” porque no tardó en adquirir gran esplendor y prestigio en Europa), desde el año 1508 se extendió a toda la demarcación isleña. También se sabe que Cristóbal Colón, el Gran Almirante de la mar océana, originalmente bautizó nuestra isla con el nombre de Española (y no, como muchos creen, LA ESPAÑOLA). Paulatinamente, la isla Española, erróneamente llamada Hispaniola como consecuencia de una incorrecta traducción al latín (tema a dilucidar en otro artículo), fue conocida primero como Isla Española de Santo Domingo hasta que, finalmente, se impuso el nombre de Santo Domingo (sin el Guzmán).
Tal circunstancia explica que desde mediados del siglo XVII lógicamente se comenzara a aplicar el gentilicio de “dominicano” a todo aquel ciudadano nacido en la isla de Santo Domingo. El historiador Emilio Rodríguez Demorizi, en su libro Seudónimos dominicanos consigna que en una Real Cédula, fechada en 1621, se afirma lo siguiente: “Y este Concilio Provincial le podréis intitular dominicano…” Luis José Peguero, el primer nativo de la isla en escribir una historia local hacia 1762, que tituló Historia de la conquista de la isla Española de Santo Domingo, afirmó que “los valientes dominicanos” habían sabido defender su Isla Española. Más adelante, cuando el padre Antonio Sánchez Valverde escribió su Idea del valor de la Isla Española, publicada en Madrid en 1785, llamó a sus compatriotas “dominicanos o españoles criollos”. En el impreso más antiguo hecho en Santo Domingo, la Novena para implorar la protección de María Santísima por medio de su imagen de Altagracia, que data del año 1800, se habla de que “al compás de los reverentes cultos se continuarán los favores, y beneficios, que confiesan debidos a María los dominicanos…”
Un cuidadoso examen de la historia colonial dominicana revela que fue durante la primera mitad del siglo XIX cuando nuestro gentilicio comenzó a popularizarse, tal vez como una manera de establecer diferencias étnicas entre los habitantes del Santo Domingo español y los naturales de la parte oeste de la isla (también conocida como Santo Domingo francés) quienes, después de una cruenta guerra revolucionaria, que duró casi quince años, se constituyeron en la República de Haití. De igual modo, el uso del gentilicio “dominicano” adquirió mayor auge en la medida en que nuestros antepasados de la primera mitad del siglo XIX sentaban las bases para cohesionar una comunidad política que merced a similares características culturales, lingüísticas, geográficas e históricas se hallaba inmersa en el proceso de definición del sentido de pertenencia a una colectividad producto de lo que Ernest Renán ha llamado “la consecuencia de un largo pasado de esfuerzos, de sacrificios y desvelos”.
Hacia 1815, el gobernador Carlos Urrutia, célebre personaje de los tiempos de La España Boba (1808-1821), al que también se le conocía como Carlos Conuco, en una Proclama se refiere a los “fieles y valerosos dominicanos” que participaron en un asalto protagonizado por sus tropas colecticias. El 10 de diciembre de 1820, el gobernador Sebastián Kindelán, en un Manifiesto público elogió a los “fieles dominicanos”; y cuando el primero de diciembre de 1821 el doctor José Núñez de Cáceres, el caudillo del frustrado movimiento conocido como La independencia efímera, dio a la luz pública el Manifiesto Político mediante el cual los dominicanos se separaban de España y crearon el Estado Independiente de Haití Español, lo intituló Declaratoria de independencia del pueblo dominicano.
En el decurso del período de la Dominación Haitiana (1822-1844), que algunos autores llaman la Unión con Haití, los legisladores haitianos pretendieron absorber la parte española de la isla integrándola a su República, hasta el punto que en los documentos oficiales, al referirse a los habitantes de la parte del Este de la isla, se los llamaba “hispano-haitianos”. Afortunadamente, la herencia cultural, lingüística e histórica del pueblo de Santo Domingo ya había arraigado en lo más profundo de la subconsciencia colectiva y correspondió a Juan Pablo Duarte la gloria de eternizar el gentilicio dominicano disponiendo su inclusión en el nombre del Estado-nación que emergió del grito independentista en el Baluarte del Conde, esto es, la República Dominicana.
Nuestro gentilicio también aparece consignado en el Juramento de los Trinitarios de 1838. Seis años después, el vocablo fue incorporado a la Manifestación del 16 de enero de 1844, documento considerado como nuestra Acta de Independencia y que fungió como base jurídica del gobierno colegiado conocido como Junta Central Gubernativa. El gentilicio fue definitivamente consagrado en la primera Constitución Política de la nación, sancionada el 6 de noviembre de 1844 en la villa de San Cristóbal, en cuyo artículo primero se consignó que “Los Dominicanos se constituyen en nación libre, independiente y soberana…” Postreramente, el legislador modificó ese primer artículo de la manera como actualmente figura en nuestra Carta Magna: “El pueblo dominicano constituye una Nación organizada en Estado libre e independiente, con el nombre de República Dominicana”.
Como puede comprobarse, el gentilicio nacional dominicano proviene del nombre de nuestro país, que es Santo Domingo, y ha estado en uso desde principios del siglo XVII. De esta designación también deriva el nombre oficial de nuestro Estado, que es República Dominicana, el cual solo existe desde 1844. No deben confundirse los conceptos de país y Estado, toda vez que por lo general el primero precede al segundo. Existe otro gentilicio que también se aplica a los dominicanos y es quisqueyano, derivado de Quisqueya, voz supuestamente indígena, y que los taínos, según algunos cronistas de Indias, dieron por nombre a una región de la isla. Conviene resaltar que este segundo gentilicio es el preferido por Eugenio María de Hostos y también el que casi siempre utilizan los poetas y escritores en sus composiciones literarias. Por ejemplo, todos los dominicanos saben que con el gentilicio quisqueyano el poeta Emilio Prud’Homme dio inicio al primer verso de nuestro glorioso himno nacional, sublime canto patrio que, de conformidad con la Carta Sustantiva de la nación dominicana, es “único e invariable”. Pero eso es tema de otra historia…
El gentilicio nacional dominicano proviene del nombre de nuestro país, que es Santo Domingo, y ha estado en uso desde principios del siglo XVII.
De esta designación también deriva el nombre oficial de nuestro Estado, que es República Dominicana, el cual solo existe desde 1844. No deben confundirse los conceptos de país y Estado, toda vez que por lo general el primero precede al segundo.

 

Poesía “SI ALGUIEN QUIERE SABER CUÁL ES MI PATRIA” de Pedro Mir

SI ALGUIEN QUIERE SABER CUÁL ES MI PATRIA

I

Si alguien quiere saber cuál es mi patria
no la busque,
no pregunte por ella.

Siga el rastro goteante por el mapa
y su efigie de patas imperfectas.
No pregunte si viene del rocío
o si tiene espirales en las piedras
o si tiene sabor ultramarino
o si el clima le huele en primavera.
No la busque ni alargue las pupilas.
No pregunte por ella.

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Artículo – El nombre de la isla

La isla ha recibido varios nombres: La Española, de Santo Domingo, de Haití, etc. En el mundo angloparlante y en la literatura científica se emplea mucho el término Hispaniola.

Mapa de los cacicazgos. División territorial de la isla a la llegada de los españoles en 1942.

Mapa de los cacicazgos. División territorial de la isla a la llegada de los españoles en 1942.

En ocasiones se ha aplicado el término Quisqueya tanto a toda la isla como exclusivamente a la República Dominicana. Aunque se ha escrito mucho sobre ello, solamente se presenta unos párrafos escritos por César Nicolás Penson, en el periódico El Telégrafo, del 8 de noviembre de 1891.

No es evidente asimismo, con ella en la mano, que el nombre de Quisqueya no es indígena ni jamás existió, y quienes primero lo escribieron fueron Herrera y Gómara, siguiendo ad pedem literoe la ilusión del Almirante de hallarse en el Extremo Oriente, y andar buscando la ciudad del cielo de Marco Polo, su Guisay, Quinsay o Quisay, de donde, corrompiendo el vocablo, alguien dijo Quisquela, según la prosodia antigua, convirtiéndose después de i en y según la moderna? De ahí tomaron el nombre los historiadores de Indias, que han repetido los demás sin la debida crítica, así como que esta isla se llamó Haití o Quisqueya,Babeque o Bohío. El segundo no es deformación ni terminación lucaya; y cuanto a los otros dos, ya se sabe que el primero era el nombre que daban los indios de Cuba a Costa-firme, a la cual llamaban Caritaba. “Jamás este babeque parescio”, dice Las Casas. Ni bohío tampoco, término con el cual ellos significaban caserío o chozas. Consta q. fué un nombre infundadamente atribuído por Colón a la isla de Santo Domingo, limitado luego por el Dr. Chanca a una sola de las provincias… y adoptado por los conquistadores para expresar la idea de casa”. (Juan I. de Armas) Y ya que sin quererlo, nos hemos venido tan lejos, conste que, aunque nos duela, la isla no se llamó siempre más que Haití; pues Quisqueya jamás existió bien como tampoco Ozema y lo demás.
Aún teniendo en cuenta la opinión de Penson sobre el nombre Haití, no hay pruebas seguras de que la isla tuviese algún nombre general usado por sus antiguos pobladores. Gonzalo Fernández de Oviedo, en su obra Historia General y Natural de las Indias, le llama “isla de Haití o Española”, pero esto no asegura que los taínos usaran el nombre Haití para toda la isla; sí se sabe con seguridad que usaban ese término para nombrar la región conocida en la actualidad como “Los Haitises”.

El primer nombre general para toda la isla del que se tiene certeza es La Española, dado por Cristóbal Colón el 9 de diciembre de 1492.

Posteriormente, se generalizó el uso de llamar a La Española como Isla de Santo Domingo, debido a que su principal ciudad tenía el nombre de Santo Domingo. Este nombre se impuso firmemente desde principios del siglo XVI y durante los siglos XVII y XVIII, usándose de una manera universal en español, francés (traducido como Ile de Saint-Domingue) y otros idiomas. En los tratados entre Francia y España sobre la división de la isla en dos colonias, como el de Aranjuez en 1777 y el de Basilea en 1783, se dice “la isla de Santo Domingo”.
Con la proclamación de la independencia de la colonia francesa de Saint-Domingue en 1804, se escogió el nombre de Haití para la nueva república como una manera de romper con el pasado. Al ocupar, en 1822, la parte oriental de la isla, los gobiernos haitianos impusieron el nombre de Haití para toda la isla pero, al proclamarse la independencia de la República Dominicana en 1844, volvió a decirse “Isla de Santo Domingo” en la parte oriental. Es decir, que por décadas la isla tuvo dos nombres: Haití y Santo Domingo. El nombre con que fue bautizada la isla por Colón, La Española, cayó en el desuso. En 1891, la Junta Geográfica (“U.S. Geographic Board”) de los Estados Unidos tomó la decisión de aceptar el nombre de Haití para toda la isla para todos los documentos cartográficos producidos en dicho país.

Pero el uso de Haití trajo muchas confusiones ya que podía referirse a toda la isla o a uno de los países que forman parte de la isla.

La Junta Geográfica de Estados Unidos, en el año 1933 decidió, por medio de su Sexto Informe, que la isla completa sería llamada Hispaniola en la cartografía oficial de ese país.

Sobre el nombre Hispaniola, el Dr. Vetilio Alfau Durán escribió lo siguiente:

Pedro Mártir de Anglería escribió sus obras en el idioma del Lacio. Así es que las ediciones de las Décadas, así como sus otras obras, aparecieron siempre en latín.

En ellas, por esa causa, se lee Hispania y no España al referise a la Península Ibérica; Hispaniola, y no Española, cuando habla de nuestra maravillosa isla.
En varios idiomas aparecieron las obras de Mártir de Anglería debidamente traducidas: inglés, francés, italiano, etc.

La primera traducción al español data del año 1892. En esa traducción se lee España, en donde dice Hispania. Y se lee, aludiendo a nuestra isla, La Española, en donde Pedro Mártir de Anglería, en el idioma del Lacio, escribía Hispaniola.

Pero, ¿por qué se divulgó y arraigó en el mundo de habla inglesa el nombre de Hispaniola como el de nuestra isla?

Porque la obra de Pedro Mártir de Anglería fue traducida al inglés en el propio siglo XVI. La traducción de la Década Cuarta tiene el siguiente título: “of Cuba, Hispaniola, and other Islands in the West Indies sea…” Las ediciones inglesas conservaron, como es natural y lógico, la ortografía de los nombres propios: Cuba, Borinquén, Quizquella. Por eso los traductores no se detuvieron, y escribieron Hispaniola, como lo vieron en el texto latino.

A modo de resumen, podemos decir:

  • Aparentemente, la isla no tuvo un nombre general para los pobladores pre-colombinos. Los nombres que se mencionan parece que no aplican o no existieron.
  • La isla fue bautizada por Colón en 1492 como La Española.
  • El nombre de Isla de Santo Domingo ha tenido reconocimiento internacional y nacional, incluso el Artículo 9 de la Constitución Dominicana dice, refiriéndose al territorio nacional: “Está integrado por la parte oriental de la Isla de Santo Domingo y sus islas adyacentes”.

El problema con este nombre es que está muy ligado a la nación dominicana, sus habitantes son dominicanos (“de la Isla de Santo Domingo”) y excluye bastante a los habitantes de la parte occidental que abandonaron el nombre de Saint-Domingue para romper con su pasado colonial.
El nombre Haití para toda la isla es muy confuso y nunca fue aceptado por los dominicanos que, durante la ocupación haitiana, siempre se referían a la “Parte Oriental de la Isla de Santo Domingo”. Además, ya ha sido descartado para toda la isla en la cartografía internacional.

  • Hispaniola es el término preferido en el mundo angloparlante, por las razones mencionadas anteriormente. Aunque es poco usado en el país, es posible que sea el nombre que finalmente sea el que llegue a predominar por su extenso uso en cartografías, publicaciones científicas y, por extensión, en otros tipos de publicaciones.

Extraído del Internet
Autor desconocido